Surfeando las olas de Dios. Testimonio de Isabella

    Hola me llamo Isabella, y quiero contaros mi historia, la historia que Dios ha escrito para mí.

    Todo comenzó en la Iglesia de las Mercedes, en Getxo, cuando solo tenía 3 años recuerdo que me llevaron a un edificio muy alto con una campana que siempre escuchaba sonar cuando estaba en el parque. Mi cuidadora me dijo Hoy vamos a ir a ver a Jesús (yo pensé será un amigo del cole), pero no, entramos en ese edificio tan alto, y cuando entré vi a un joven en una cruz que tenía una herida.

    Me quedé observándole los 5 minutos que estuvimos allí, y le pregunté Marta, ¿Quién es ese chico, por qué está herido?, y ella me dijo ÉL es Jesús, nuestro Dios, esa herida es para nuestra salvación. Desde ese día sentí que quería ir a verle todos los días, quería que Jesús fuese mi amigo.

    Pasado el tiempo estudié en el Colegio Torreánaz de las H.S.M.C.J., cada día sentía más a Dios en el colegio, en los rezos del día a día, en las confesiones semanales, en los ejercicios espirituales, en las Misas, en los Ángeluspero un día en una Misa, mientras las hermanas cantaban, me quedé mirando a Jesús en su Cruz, sen algo muy fuerte, me dio mucho miedo, quería llorar y reír a la vez, sentía un gran amor dentro de mí, un sentimiento que jamás olvidaré.

    Comulgué y sentí a Dios, a Jesús en mí. Sentí su llamada, cada día sentía más la fe dentro, lo decidí, quería ser monja.

    Pero finalmente nunca di el paso, me daba mucho miedo, así que comencé enfermería, ahí vi clara mi vocación, quería ser las manos de Dios, su voz, quería consolar como lo hace la Virgen, quería CUIDAR Y CURAR.

    En cada paciente se encuentra Dios, mis caricias, mis miradas, mis palabras y mis cuidados brotan del alma de Dios, quiero ser la sal y la luz en la tiniebla del sufrimiento, de la incertidumbre de la enfermedad, de la angustia e incluso de la felicidad. Voy a estar en el inicio de la vida y en el final. Cada paciente va a dejar una huella en mí y yo en su alma, los pacientes no son números, son vidas, y debemos curar no sólo el cuerpo, sino también el alma.

    Otro lugar en el que siento a Dios es en el mar, en cada gota de agua que acaricia mi piel, en cada remada, en el momento de coger la ola y de surfearla, siento una libertad inigualable.

    Hay momentos que miro a mi alrededor veo el horizonte en el que el mar y el cielo se juntan, escucho la brisa, siento el agua fría del cantábrico y miro hacia el sol, esa sensación de PAZ es lo que me hace sentir viva y darle gracias a Dios de unirme con ÉL a través del mar.

    En cada ola está Dios, en el océano su Paz se proyecta hasta el último rayo de sol del atardecer. Tenemos que potenciar cada una de las cualidades que nos ha dado Dios, es nuestro deber dar el 100% de nosotros al prójimo. Cada persona es única e inigualable, solo tenemos una vida, 24 horas de nuestras experiencias que jamás volverán a ocurrir.

    LA VIDA SON TORMENTAS EN VASOS DE AGUA, HAGAMOS TSUNAMIS DE AMOR, INUNDEMOS EL MUNDO DE GOTAS DE DIOS

    Isabella López-Tapia Vidarte