«¡No tengas miedo!» Testimonio de Laura Moreno

    Estimado lector,

    Me presento. Me llamo Laura, tengo 23 años y soy de Barcelona. Me dedico a la Abogacía, y vengo a contaros mi historia de Amor con el Señor.

    Nací en una familia cristiana practicante, aunque a su manera. A pesar de no frecuentar la Misa, quisieron, desde el primer momento, inculcarme los valores cristianos que con tanta frecuencia me recordaban que venían de Jesús.

    A medida que pasaban los años, me desprendí, sin quererlo, de la concepción que había visto en casa, creando y modelando lo que es hoy mi Fe.

    Esa decisión involuntaria vino motivada por una serie de sucesos que, con el tiempo, he atribuido al Señor: Sensaciones, ganas de buscarle, acudir a charlas y formaciones para saber cada vez más de Él, retiros… Lo asocio al momento en que se encendió la llama de la verdadera Fe en mi corazón.

    En general, mi vida ha sido una montaña rusa repleta de emociones, aprendizajes, situaciones buenas y malas en las que realmente sentía cómo el Señor me daba su mano para continuar con el viaje de la vida. Y no me preguntes por qué.

    En la Universidad, sobre todo, Dios me brindó una serie de amistades que me acercaron cada vez más a él, y que a día de hoy conservo como un regalo. Sé con certeza que Él se ha servido de ellas para aprender a quererle cada vez más.

    Con los años he aprendido que Dios está cerca, pues así se ha hecho notar, he logrado verle detrás de cada persona, situación, alegría, desgracia, y, en definitiva, como un amigo testigo de todo lo que vivía. Al final, si nuestro propósito como cristianos es llegar a amarle con todo el corazón, con toda el alma, con todas nuestras fuerzas, debemos acostumbrarnos a verle detrás de los acontecimientos y de las cosas. “He aquí que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y estaré con él y él conmigo” (Apc 3,20).

    A veces me pregunto a mí misma cómo es posible que seamos tantas personas en el mundo que hayamos recibido el regalo de la Fe. No puede traducirse en palabras. La Fe nos lleva a aceptar todas las verdades que se nos han transmitido de parte de Dios y a guiarnos por ellas. La Fe no tiene explicación.

    Considero que la coherencia de vida es un tema complejo con el que, la mayoría de jóvenes cristianos, debemos lidiar. Cuesta, en muchas ocasiones, reflejar nuestra Fe con nuestros actos. Esta lucha interior por la que muchos de nosotros tenemos que pasar se aviva por todo lo que pasa “allí afuera”: Vivimos en un mundo repleto de pecado, repleto de distracciones que nos alejan cada vez más de lo importante, siendo sumisos de esta nueva mentalidad moderna que tanto seduce y a la vez aleja de lo realmente importante: La vida, el respeto por las personas, la fidelidad, sencillez… Lo que sucede allí afuera es, muchas veces, el motivo por el que aparecen estas luchas internas donde reina la incoherencia y, sin darnos cuenta, nos alejamos cada vez más del Señor.

    En mi caso, además de luchar contra mi propia coherencia, lucho por normalizar mi estilo de vida, hablando de Él allá donde voy. Me sirvo de fuentes como Instagram o con un simple “Hoy tengo Adoración” explosivo en medio del trabajo, o con conversaciones con gente ajena a mi realidad. Os puedo asegurar que esta naturalidad al hablar de mi Fe y estilo de vida hace que a más de uno le haya picado la curiosidad, incluso me han llegado a pedir venir conmigo a Adoraciones y a retiros.

    Considero que como cristianos tenemos la misión de visibilizar nuestra vida. De normalizarla. De no asustarnos por lo que dirán.

    Actualmente continuo en el camino de maduración en mi relación con Dios, la cual debe estar siempre en continua mejora. Estoy aprendiendo a vivirla de la mano de un noviazgo cristiano donde la fe y la alegría de ser hijos de Dios se multiplica por mil, sintiéndome renacida cada vez que los tengo a los dos cerca.

    También estoy aprendiendo a abandonarme al completo. Los jóvenes de hoy en día tomamos decisiones continuamente, las cuales tienen un gran impacto en nuestra vida y, gracias a la confianza y al desprendimiento total hacia el Señor, siento mucha paz en todo lo que hago.

    En definitiva, intento vivir la fe con alegría, buscando cada ápice de Él y sirviéndome de cada situación para compartir mi felicidad de ser Hija de Dios con el resto del mundo. “Alegraos siempre en el Señor, que vuestra comprensión sea patente a todos los hombres. El Señor está cerca. No os preocupéis por nada, antes bien presentad a Dios vuestras peticiones por medio de la oración y la súplica, junto con la acción de gracias. Y la paz de Dios que supera todo conocimiento custodiará vuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús (Flp- 4,4-7).

    ¡No tengas miedo!

    Laura Moreno