domingo, junio 20, 2021
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«24 años y con más ganas de Fe»

Lo primero presentarme, soy Jacobo Gómez, joven católico de Córdoba y residente en Sevilla. Hijo mediano entre dos de las mujeres de mi vida, Paloma, María, y mis guías de vida, mis padres, que se llaman Miguel y Pilar.

Cuando me proponen contar o dar testimonio sobre mi Fe o cómo la vivo, al principio pego un frenazo en seco, me alego muchísimo porque me hacía mucha ilusión y es un regalo de este nuevo año, 2021. Pero empiezo a pensar y digo, ahora qué cuento…si soy un niñato con 24 años, que en la vida todo más o menos le ha ido bien. Hablando con mis colegas, pienso y reflexiono que bueno, a lo mejor mi testimonio ayuda a alguien o simplemente parece entretenido.

Para mí hay varios momentos de la vida que me han marcado personalmente y me han acercado a Jesús. Algunos momentos meras absurdeces que suceden en la vida y otro momento en la vida que Jesús, María, la Fe y la religión fueron parte de aquella sala donde te sientas en un sofá y empiezas a hablarle a un psicólogo. Ellos fueron mis consejeros y oyentes.

Voy a contar un par de vivencias para dar comienzo y hablar de lo extraordinaria que es para mí la Fe, y que se entienda.

Como cada Semana Santa, yo me iba a las calles a ver procesiones con mis amigos. Concretamente un Lunes Santo una amiga salía de penitente descalza, claro no parece extraño para algunos penitentes, pero para mí sí, yo era todavía más o menos era un niño bastante adolescente e inmerso en las tonterías de la adolescencia. Al día siguiente yo le pregunté a mi amiga que por qué había salido descalza, que estaba un poco loca, me contestó con una frase que jamás olvidaré: «Si Jesús murió por nosotros en la cruz, que menos que nosotros una vez al año hagamos un sacrificio por Él». Me marcó tanto esa verdad que estuve durante años haciendo penitencia descalzo.

A bote pronto es una historia un poco infantil, pero para mí fue como sentirme cerca de Jesús, sentir que había sido un familiar o un amigo que había dado la vida por mí. Y quién era yo para no hacer un día al año algo por mi colega, cuánto menos le debía la vida. Y el otro momento del que he hecho mención antes, fue cuando la Fe se convirtió en mi psicólogo personal, ya que me tiraba horas y horas hablando solo, e intentando buscar una explicación o respuesta a lo que me pasaba.

Llegó un momento transcendental en mi vida que revolvió mi ser por dentro y mis sentimientos. Era un sentimiento agridulce donde quería ser feliz, pero había un muro de 50 metros mínimo que yo sólo no podía subir.

Ahí estábamos yo y Jesús. Fue tal la fuerza que me dio Jesús, que pasé el muro y cuando pasé al otro lado del muro, de estar completamente sólo, tenía en una mano agarrada a Jesús y de la otra a mi familia y amigos.

Claro, una vez más yo le debía tiempo a la Fe, le debía largos días y horas de escucha, ya que para mí el tiempo es lo más valioso que hay en la vida, es aquello que jamás vas a recuperar.

A colación de estos dos testimonios, yo a día de hoy puedo decir que vivirla, es sin lugar a duda, una de las mejores cosas que me ha brindado la vida.

Cuando hablamos con compañeros de trabajo por ejemplo o con gente que aún no tienes una amistad férrea, y de repente sale el gran tema de la religión. Piensa uno, y dice, como yo ahora a este grupo de personas le cuento que el catolicismo para mí es mi bandera de vida, una de mis razones de ser o incluso llega a ser parte de mi familia. Pensarán que estoy loco de la cabeza o que soy un poco loco/friki de la religión.

Puedo decir que pese a lo que pueda llegar a pensar la gente o las críticas que podamos recibir, hay que llevar por bandera que somos seguidores de la Fe. Por ejemplo, yo que estoy muy activo en redes sociales, algunas veces quiero compartir con mi entorno y la gente que me sigue, mis inquietudes y algunas cosas guay que veo sobre el catolicismo o simplemente sobre hechos que hacen otros creyentes. Rápidamente preparo mi publicación, la subo a las redes, pasan unos minutos y pienso ¿esto va a agradar o molestar a algunas personas? Pero, ¿por qué no puedo compartir con el resto del mundo esta parte de mi vida que para mí es tan importante? Me gustaría que cada persona que me dedica ese tiempo tan famoso y preciado de leer lo que escribo o ver lo que comparto, pueda aprender o al menos saber lo extraordinaria y luchadora que es la Fe.

Incluso yo pienso que cuando se tiene una época jodida con una persona con la que has tenido un noviazgo, y por desgracia se acaba, tener Fe es de los mejores apoyos, es como una persona que te escucha sin tener que darle nada a cambio, te desahogas sin tiempo límite o se queda con los ojos abiertos hasta que te duermes.

Yo creo que por todas estas pequeñas cosas puedo afirmar que es una suerte, y que ojalá cada persona que llegue hasta este último párrafo, vea que es compatible tener 24 años y no pasar casi por tu casa los fines de semana, y tener Fe.

Jacobo Gómez

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