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«Sean perseverantes». Testimonio de Rocío Ornella

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«Sean perseverantes». Testimonio de Rocío Ornella

Hola me presento, mi nombre es Rocío, tengo 22 años y soy argentina. Nací en Mendoza, pero hace ya 11 años que vivo en Buenos Aires.

A los meses de haber nacido me bautizaron, y fui criada en una familia católica, que si bien no practicaba de manera asidua la fe, me inculcaban los hábitos de rezar todas las noches y lo importante que era ir a misa los Domingos. También soy catequista de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen hace 5 años. Y actualmente me encuentro estudiando el Profesorado de Educación Primaria en el Profesorado Calasanz, junto a la congregación de los hermanos escolapios.

Desde que tengo uso de razón escucho hablar de Jesús y María, tanto en mi familia como en el colegio. A lo largo de mi vida me formé siempre en instituciones católicas y allí fui conociendo más y más sobre quién es Jesús. Podía conocer mucho sobre la doctrina de la Iglesia, sobre a qué estamos llamados (la santidad), pero si no lo practicaba, si ni siquiera lo veía con los ojos puestos en Cristo, ¿de qué me servía tanto conocimiento? Pero todo ese conocimiento pasaba solo por mi razón. Vana era mi fe, ya que solo pasaba por mi intelecto y no por el corazón.

En 2018 hice un retiro con un Movimiento de Jóvenes, que están junto a los frailes dominicos, llamado Movimiento de Vida en Gracia, necesitaba dejar entrar a Jesús a mi corazón y que deje de ser todo meramente raciocinio. ¿Cómo podía ser catequista si mi fe la vivía de una forma muy tibia? Eso sería ser hipócrita y no un gran ejemplo para mis catecúmenos. Luego de aquel retiro, me di cuenta lo lindo que es caminar junto a Cristo, comencé a dar la catequesis con más ganas, y también a formarme aún más, para poder transmitirles mejor a Cristo a los más pequeños. Pero a pesar de haber hecho ese retiro, esa llama encendida con esas ganas de querer anunciar el Evangelio por donde quiera que vaya, un poquito (bastante diría yo) se apagó. En 2019 comencé a trabajar, comencé una relación, y poco a poco me fui olvidando quién era Jesús para mí, pero Él no se olvidaba de mi, siempre buscaba la manera de volver a llamarme a su encuentro, así fue como en la parroquia donde yo soy catequista, me pidieron que forme parte de un grupo para darle un retiro de impacto a jóvenes que aún estaban en la secundaria, y todavía no se por qué pero sin mucho pensarlo dije que sí.

Luego de aquel retiro algo pasaba nuevamente por mi corazón pero esta vez con mayor intensidad, necesitaba de Dios, tenía una gran vacío de amor, me sentía sola aun estando acompañada, creía que debía de llenar aquello con otras cosas y no con Dios, en vez de acercarme a Él me alejaba, pero nuevamente Él me llamaba a su encuentro, comencé acercarme a María, sabía que ella es un gran modelo a imitar. Rezándole a nuestra Madre, poco a poco me fui dando cuenta que esa falta de amor no la iba a llenar con frivolidades, o actos que me alejen de Él, sino todo lo contrario solo necesitaba decirle que sí a Dios, y que me llene de Él, ya que “Solo Dios basta”. Así fue como me alejé de todo aquello que me alejaba de Dios y de aquellas personas que no me sumaban a mi vida de fe, sino que me restaban, y querían mostrarme que alejándome de Cristo todo era más fácil, cuando en realidad sabemos que no es así.

Comencé mi 2020, con el propósito de acercarme más a Él, poder caminar juntos un mismo camino, y poder reconocerlo en mi vida. Volví a participar de aquel grupo de jóvenes dominicos con los que hice el retiro en 2018, habíamos comenzado a planificar actividades para el año, pero… llegó nuestro nuevo “amigo” el COVID-19. Se paró todo, y ahora que iba a hacer con todo lo que me había propuesto, como iba acercarme a Dios, si en el lugar donde lo encuentro lo habían cerrado. Rápidamente encontramos la solución, comenzaron las actividades online, misas, adoraciones, rezos del rosario, comenzamos con nuestras Iglesias domésticas. Y si en cada uno de nosotros habita Cristo, porque no íbamos a poder hacerlo? Solo es cuestión de voluntad y de fe en Dios, Él siempre nos guía por su camino.

Cada actividad, cada adoración, misa, rosario o lectio que hacía en mi casa, mi corazón se ensanchaba más de la alegría y de ese amor que necesitaba. Este tiempo me acerqué mucho más a la oración, lo que tanto le venía pidiendo a Dios desde hace muchos años, da fruto. Mi fe dejó de pasar solo por mi cabeza, y comenzó a pasar por mi corazón, deje entrar a Cristo para que ya mi corazón no esté más endurecido, sino que habite Él en mi.

Poco a poco volvieron a habilitar las actividades presenciales, y comencé a ir a las misas presenciales, y algunos miércoles la Noche de la Caridad junto con los frailes dominicos. Es una actividad hermosa, donde no solo es un acto de caridad sino que, con la excusa de llevarle un plato de comida a quienes no tienen donde vivir, también le llevamos a Cristo, y eso es lo más lindo de todo, ver cómo lo reciben, porque no somos nosotros los que vamos por sí solos, es Él quien nos envía a anunciar su Evangelio por donde quiera que vayamos, somos simples instrumentos. Allí también conocí a grandes amigos en Cristo, los cuales entre todos nos ayudamos para seguir creciendo día a día en la fe, y sobre todo el que va creciendo en nuestra amistad es Él.

Como para cerrar con un gran broche de oro este año, y nuevamente ver cómo Dios se manifiesta en mi vida, es la particular invitación que tuve después de misa para comenzar a ir a un turno de Adoración perpetua todos los jueves, y una vez más sin pensarlo dije que sí. Hasta que me dijeron el horario, y un poco me asusté, ya que era entre las 2 y 3 A.M. Caminando sola no sé si iba a ser muy seguro, pero dije bueno, por algo Dios me puso eso en el camino, vamos a aceptarlo y decirle que sí. Un día comentándole a un amigo (creo que él también sin pensarlo mucho) me dijo que vayamos juntos. Creo que fue lo más lindo de haberle dicho que si a aquella invitación, saben lo lindo que es estar a solas con Él a esa hora de la madrugada, te llena de paz, de amor, todas tus preocupaciones se van, porque las pones a sus pies.

Queridos hermanos en la fe, si hay algo que tengo que transmitirles con este testimonio, que debo de admitir que dudé mucho en hacerlo porque no me creía capacitada, es que sean perseverantes, como creo que lo fui yo. Yo sabía que a pesar que no sintiera nada en mi corazón no me tenia que alejar de él, y seguía asistiendo a los Sacramentos, sobre todo el de la Reconciliación, seguía rezando todas las noches como mi mama y mi abuela me enseñaron, seguía yendo a adoración todos los viernes por la tarde, a dar la catequesis y hasta incluso a misionar. A pesar que muchas veces no lo sentía, que hasta por obligación lo hacía, pero sabía que algo bueno había tras ello, y era ese amor que siempre anhelé. Y así fue, que después de varios años de altos y bajos en mi fe, comencé a dejar de pensar tanto, y empecé a sentir y vivir con y en Él, no hay nada más lindo que eso. Pidámosle a nuestra Madre que siempre nos lleve bajo su manto y nos guíe a su Hijo muy amado, y sobre todo que nos envíe amigos en la fe, como lo hizo conmigo, para que podamos vivirla acompañados, no hay nada más lindo que poder forjar una relación y que el centro sea Él, porque si Jesús está en nuestras vidas y habita en nuestros corazones, no necesitamos nada más.

Los saludo en Cristo y María,

Rocío Ornella Pennesi Agüero.