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Navidad y Año Nuevo

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Navidad y Año Nuevo

Navidad: Que época del año más agradable; tener la dicha de reunirse en familia, preparar grandes banquetes y sentarse alrededor de un árbol para dar y recibir regalos ¿Acaso sabemos que celebramos realmente ó es ya una costumbre “hecha” que se repite año con año? Lo anterior no significa que no debamos disfrutar esta época en la forma que siempre lo hemos hecho, si no por el contrario, se refiere a acrecentar esa razón por la cual celebramos y sobre todo darle la dirección y sentido correcto a nuestra mente y corazón.

La Navidad es una época maravillosa que se espera a lo largo del año con mucho entusiasmo, por todo lo que la festividad conlleva; sin embargo, ¿Sabemos que la única razón de esta fecha es Dios? ¿Es verdaderamente Dios el motivo por el cuál nos alegramos al festejar? La Navidad es una época que se festeja en dualidad: en espíritu y mente. ¿Por qué? Debido a que La Navidad representa el milagro en el que Dios se hace hombre y empatiza humildemente con su creación, nosotros, por amor y por nuestra salvación. Es el preciso momento en el que nuestra existencia se reconcilia en amistad con Dios a través del nacimiento de Jesús. Con este acontecimiento Jesús nos da a su madre, para ser la nuestra también.

Antes de llegar el nacimiento de Jesús, nos preparamos espiritualmente en adviento para recibir su llegada de la forma mas pura en amor, paz, tolerancia y fe.

La felicidad más grande viene acompañada de nuestras familias en dónde en cada una de ellas Dios vive y es esperado para guiar cada uno de nuestros pasos. Jesús nace y se encarna el amor más puro para vivir por y para nosotros, dándonos su máximo sacrificio: su vida y muerte.

Es cuando el árbol de Navidad comienza a tomar un sentido diferente y deja de ser un ornamento común para convertirse en un símbolo de VIDA por la nueva vida naciente del salvador y TRANSFORMACIÓN al transfigurar el árbol y la tristeza del primer pecado (manzana) en un árbol lleno de vitalidad, amor y esperanza.

Cada oración y plegaria representada en cada esfera y en dónde prender el árbol nos dona la luz que Jesús trajo a este mundo terrenal y humano.

Este tiempo de reflexión y perdón en nuestro espíritu y mente, deben conciliarse no sólo en esta época tan divina. Es por ello que a una semana del nacimiento de Jesús es importante sentir en nuestros corazones si realmente le hemos dado la bienvenida a Jesús en nuestras vidas dentro de nuestra cotidianidad.

Es normal que en esta época de fin de año, celebremos nuestros éxitos y triunfos que nos han generado días de felicidad. No hay que olvidar que estos días hay que agradecerlos a Dios.

Este nuevo año, en su primer día celebramos a María, madre de Dios, quien fue la primera persona que lo amo, creyó en Él y lo siguió sin reservas. Oremos y aprendamos de María; en ese primer día del año consolidemos nuestro corazón en ella, ya que gracias a Jesús, nosotros tenemos la dicha de tener su intercesión como madre de Dios y cómo madre nuestra.

Que el Año Nuevo sea una fecha para celebrar nuestra añoranza por asemejarnos con Jesús, hijo de María y que María sea intercesora por nuestra fe y nos proteja del año venidero. Que lo cotidiano de los días no nos sumerja en un ambiente lejano a Dios y a su palabra.

¡Muchas felicidades a todos y a todas en este nuevo año! ¡Dios siempre en nuestras acciones y en nuestros corazones!

Karla César