Amar a la Iglesia. Gracias D. Javier.

    Hoy, con un poco más de tiempo, puedo escribir sobre D. Javier.

    A Javier Cremades le conocí cuando estudiaba en la Facultad de Derecho de la UCM. Desde el primer momento me atrojo su convencimiento de que su ministerio sacerdotal era para servir a Dios y a la Iglesia en el Opus Dei.

    Sin, embargo con el paso de los años, el trato desapareció hasta que hace unos años coincidimos en una convivencia en Piedralaves (Ávila). Allí, un día, me dijo: «¿me acompañas a visitar a las Carmelitas Descalzas de Plasencia. Me quede algo perplejo porque nunca había ido a visitar a unas monjas de clausura?» El encuentro fue maravilloso y comprobé como esas monjas querían a Javier. Para mi fue único porque me abrió el corazón a una realidad en la Iglesia que desconocía.

    A partir de ese momento, nació una amistad que se fue poco a poco fraguando. Nos escribíamos de vez en cuando y compartíamos ilusiones pastorales.

    La última vez que estuve con el fue en el Santuario de Sonsoles (Ávila). Comimos con otro gran sacerdote y después de rezar a la Virgen pasamos horas hablando de la Iglesia que era su gran pasión. En la Iglesia, como decía, hace unos meses: Cabemos todos.

    Gracias D. Javier por ayudarme a querer un poco más a esta Madre que es la Iglesia.