La verdad sobre los Reyes Magos que vienen de Oriente

¿Qué me haría a mi detenerme ante un titular más sobre “el verdadero significado de la Navidad”, “lo verdaderamente importante en estas fechas”, “el regalo más valioso”? Creo que nada. Sí, reconozco que soy quizás más cínica de lo que quisiera, leo esas estupendas frases y me adelanto ya al final: lo importante es que nace Dios, nuestra familia y amigos son el mejor regalo, etc., y está bien, y es cierto, y sé que a muchos esto les aplasta un pelín el corazón haciéndoles sentir “malos”, desajustados, como no sintiendo lo que toca sentir. Y aquí vengo yo con otras breves líneas bastante previsibles, como las demás, y sinceras, ojalá que como todas las demás, por lo menos. 

 El día de Reyes es más que mágico, poderoso, algo muy serio, pero no es poco lo que les hemos ido cargando nosotros con el paso de los años y de los siglos… como si no fuera mucho ya haber llevado oro, incienso y mirra, les cargamos también con nuestros miedos y expectativas. Creo que a cierta edad debemos de saber una de sus más grandes verdades, y es que no solo hay regalos para  los que se han portado bien, hala, ya lo he dicho. Uno puede portarse mal y también tener regalos. 

 Sé que no es bueno que los niños sepan esto, pero es la verdad, y la verdad nos hará libres. Los Reyes nos traen regalos, no premios. Los regalos nos los dan porque ha nacido Jesús, y Jesús se ha encarnado precisamente porque nos veía muy empantanados en nuestras mediocridades y mezquindades. De eso va la Encarnación, de eso va, en síntesis, TODA la fe cristiana. Gracias a Dios, pues, como decía Groucho Marx, yo tampoco pertenecería nunca a un grupo que aceptara gente como yo. 

 Ojo, no abogo por la anarquía y el desenfreno. Pero separemos: para efectos de qué vayamos a recibir, da igual cómo nos portemos, para efectos de cuánto lo vamos a disfrutar, no. Y que vengan de Oriente, es la clave.

 Cuando alguien no sabe a dónde va o qué quiere, se dice que está desorientado, si esa desorientación dura demasiado tiempo, es fuente de frustración e infelicidad, primero para uno mismo, luego para los que nos rodean. Por el contrario, una vida orientada, con propósito, podrá ser dura, pero siempre tendrá sentido, será fuente de luz para uno y para los otros, vida liberadora y apasionante. Y por eso los Reyes Magos nos traen desde Oriente los regalos. Oriente es aquello que da orden en nuestra vida. Y así como cada uno hemos hecho una carta de de Reyes personal y distinta a la de otros, Oriente es para cada uno personal y distinto, pero siempre nos lleva a nuestros orígenes y a nuestra verdad, y nuestro origen y nuestra mayor Verdad es que hemos sido amados y elegidos hasta morir por nosotros en la Cruz, hasta el punto de que el más bueno, el más justo, el único inocente (que coincide con ser, además, el único que nos conoce desde siempre y verdaderamente bien), ese que todo lo sabe y todo lo puede, ha querido que estemos en su vida desde el momento uno (y se ha liado todo esto de tiempos litúrgicos y hacer presentes los misterios de Su Vida, año con año, no como recordatorio sino como hecho real, nuevo cada vez), y ha querido entrar en la nuestra, no en un momento bonito de nuestra vida solamente (de niños, que éramos majísimos) o el día de mayor generosidad o fervor. Nop, cada día, cada día, cada día. Desde ahí vienen los regalos, para hacernos recordad qué es lo que hay en nosotros de más verdad. 

 Y de ahí nos vienen las certezas serias y fundantes, las ideas peregrinas llenas de “y si…” que nos hacen segregar endorfinas y adrenalina, y los gustos pequeños, personales, sencillos pero desarmantes, como los olores más familiares, como los recuerdos más entrañables. Todo eso que te hace más tú, eso viene de Oriente. Y si nos has sido todo lo bueno que hubieras querido, mira a Oriente, hay regalos, siempre hay regalos, creo que la diferencia está en que, de repente, ya no tenemos fuerzas para pedirlos o ir corriendo a buscarlos… pero siempre los necesitamos, quizás más cuando más consientes somos de no merecerlos, así volvemos a su naturaleza, regalo, gratuidad. Ojalá ser buenos sea querer corresponder con sencillez, y aceptar cada día, cada día, cada día, que de Oriente nos vienen lo regalos porque Dios ha nacido para nunca más dejarnos solos.   

Paulina Núñez