lunes, octubre 18, 2021
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Mi leucemia acercó a mis padres más al Señor

Todo empezó en enero del 2009, tenía 8 años y 7 meses, mi mamá estaba embarazada del sexto hijo, ya tenía cerca de 7 meses de embarazo. Un día empecé a tener fiebre, esta fiebre no bajaba con nada, no era muy alta, pero tampoco bajaba. Mi mamá pensó que era un resfrío común y corriente, pero cada día me sentía un poco peor, empezaron a dolerme los huesos, me sentía cansada, me costaba moverme, y a este punto yo ya había ido al doctor. El problema es que después de ver a varios especialistas ninguno sabía qué era lo que tenía, solo sabían que no era nada que abarcara su especialidad. Mi mamá se sentía incapaz de rezar por el susto que tenía, mi papá empezó a rezar todos los días el Rosario, pero a pesar de que mi mamá no rezara las oraciones típicas, como el Avemaría o el Padre Nuestro, conversaba con Dios en todo momento, se fueron acercando al Señor muchísimo en este proceso.

Un día me pidieron una resonancia magnética con contraste, no se veía nada raro en ella por el tipo de contraste que tenía. A mi mamá le recomendaron que me llevara donde una doctora, y mi mamá ya asustada porque solo empeoraba y nadie sabía qué era, me llevó. Le llevó todos los exámenes que me habían hecho, le contó sobre todos los doctores y todo lo que habían descartado. Ella me hizo sentarme en la camilla, apretó un punto en mis costillas, me dolió horrible, otro punto, lo mismo, mi brazo, también, pero en la rodilla no me dolió. Eso la hizo sospechar de algo, le dijo a mi mamá que tenía que llevarme donde una doctora, pero al parecer era urgente, porque en ese momento llamó a la otra doctora, le contó de mí y le dijo que quería que ella me viera. En 40 minutos me iba a recibir en su consulta, era una hematóloga, nos dijo la doctora.

Fuimos corriendo, y cuando llegamos ve mi mamá que no es solamente una hematóloga, sino una hemato oncóloga, nos recibió, me revisó y le dijo a mi mamá que tenían que internarme, había que hacerme rápido una punción lumbar. Me internaron, no le dijeron a mi mamá qué era lo que sospechaban, mi abuela se quedó cuidando a mis hermanos para que mi papá fuera a acompañarnos a mí y mi mamá.

Me hicieron la punción, horas pasaron mientras esperábamos los resultados, llegó la doctora, les dijo a mis papás que pasaran a una salita aparte para conversar sobre los resultados. Fueron, las noticias no eran buenas, les dieron mi diagnóstico, lo que yo tenía era cáncer, exactamente un tipo de leucemia, Leucemia Linfoblástica Aguda (LLA), tenía un 70% de probabilidades de sobrevivir.

En ese momento les dijeron que por el tipo de diagnóstico que era tenían una hora para decidir dónde iba a ser el tratamiento según cuánto cubriera el seguro en qué lugar. Llamaron a mi padrino y al jefe d mi papá, cada uno trajo su computador y entre los cuatro averiguaron sobre clínicas, sobre dónde cubría mejor el seguro. Fue una difícil hora para ellos, mucho llanto, incertidumbre, muchas dudas a Dios de por qué estaba pasando esto y por qué a una niñita de 8 años, pero había que dejar esos pensamientos de lado, la vida de su hija dependía de ellos.

Eligieron la clínica, le dijeron a la doctora dónde y se empezó a organizar el traslado, pero antes de llevarme tenían que operarme y ponerme un catéter para empezar las quimioterapias lo más pronto posible. Fueron 40 días de incertidumbre, de ir de doctor en doctor, sin diagnóstico y empeorando cada día, por fin podían darme remedios fuertes para aliviar el dolor y la fiebre, que no se iban con nada.

Ya operada me trasladaron, me dieron de alta para empezar en unos días más las quimioterapias, y cuatro días después de mi diagnóstico nació mi hermano. Empezaron las quimios, el dolor ya no estaba, la alegría en mí nunca se fue, por más dolor o malestar que sintiera, no me gustaban las agujas y eran muchas las que tenía que aguantar, pero con alegría. Me encomendaron a San Chárbel y la cantidad de personas que empezó a rezar por mí era ya incontable.

El tratamiento funcionó muy bien, de libro, se me cayó el pelo, me tuvieron que aislar porque tenía las defensas demasiado bajas, no pude ir al colegio, pero me mandaron material y no perdí mis estudios. Me hice amiguitos que también tenían cáncer y juntos lo pasamos muy bien en el tratamiento, algunos sí tuvieron complicaciones, pero yo no.

Ya han pasado casi 12 años de mi diagnóstico, y ya estoy totalmente recuperada, agradeciendo cada día a Dios por mi recuperación y por acercar a mi familia a Él muchísimo más durante este tiempo de dificultad. Por situaciones como estas es que logro entender mucho más cuando en Rm 8, 28 Pablo dice “Sabemos que Dios va preparando todo para el bien de los que lo aman, es decir, de los que Él ha llamado de acuerdo con su plan.”

Ester Lira

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