«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarlo»

En esta ocasión Señor no voy a escribirte con la tragedia y la pena, hoy no quiero ser discípulo de desgracias, ni ir sembrando la pena, sino la esperanza, darte gracias Señor por tanto bien recibido, por darnos la vida, esa que nace hoy en el pesebre de una sociedad vacía, sedienta de un amor que no tiene fronteras.

Luces en las ciudades, regalos, algarabía en las calles, comentarios que no será como otro año… ¿Tendrá sitio Dios en mi vida? ¿Está vivo Dios en mi corazón?

Vivimos en mundo de mucha soledad atrincherada, de silencios rotos, de humanidad desperdiciada, de miedos, de incertidumbres, de caminos y de búsquedas…

Ojalá hoy en la vida de las personas sea de verdad Navidad, no la navidad de la televisión, sino la Navidad de Jesús, la de los pobres y descartados de la sociedad, la de los últimos e incontables.

Vivir es ver el rostro de Dios cada día y proclamar las bienaventuranzas…

Hoy cantará el amor y la verdad y claro que habrá Navidad, en hogares de resurrección anticipada, en versos de misericordia, en epifanía proclamada, en noche oscura envuelta por la ternura…

Esta Navidad que se anuncia distinta es el susurro con que habla la voz de Dios, como esos magos de búsqueda, me viene a la memoria las palabras del Papa Benedicto XVI: “para los Magos fue indispensable escuchar la voz de las Sagradas Escrituras: sólo ellas podían indicarles el camino. La Palabra de Dios es la verdadera estrella que, en la incertidumbre de los discursos humanos, nos ofrece el inmenso esplendor de la verdad divina”.

Hoy nace el amor en la ternura y en la esperanza.

Alberto Diago Santos

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