Queridos amigos “jóvenes Católicos”:

Hemos llegado de nuevo, a la NAVIDAD:

«Subió también José desde Nazaret, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.» (Lc 2, 4-7)

Ha nacido JESÚS, DIOS SALVA, EN-MANUEL (Dios con nosotros), ha nacido hoy, (así lo recordamos en la liturgia) y nace también siempre, cada día.

Y nace como cualquier niño, en medio del silencio y del Misterio; débil, pequeño, desvalido, desarmado…pero amigo del hombre.

Dios mismo, está encerrado en un niño que sonríe al mundo.

Todo el poder, la grandeza y la fuerza de Dios, se manifiesta, en una tierna y dulce criatura, que necesita de cuidados: !No cabe mayor signo de misericordia para el hombre!

Ha nacido, en un lugar apartado, un aprisco, un establo, una cuadra para guardar animales, a las afueras de cualquier sitio…

«El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»»(Lc 2, 10-12)

Belén es el corazón de la vida. Y sólo en Belén, encontraremos siempre a Dios.

  • Lleguemos a Belén… y Vivamos esta NAVIDAD

  • Y vivamos esta Navidad de Pandemia, con especial Misericordia

Que hermoso sería en esta “Navidad Especial” contagiada por el miedo, el riego a un contagio en tantos profesionales, en la soledad de tantas personas que no se reunirán con su familia, en los enfermos de Covid y de otras enfermedades, aislados en los Hospitales, residencias de ancianos, Centros Especiales de atención, en las mismas cárceles…la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en esas periferias existenciales, que dramáticamente existen en nuestro mundo super moderno.

¡Cuántas situaciones de sufrimiento existen en el mundo hoy!

Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado en una Residencia de ancianos en un piso sólo, o en la prisión…etc

La Iglesia, cada uno de nosotros “jóvenes católicos” está convocada por su Señor este año más que nunca, a curar aún más, estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención.

No podemos caer en la indiferencia que humilla al hermano, en la “habitualidad” que anestesia el alma y el corazón cristiano e impide descubrir la novedad de Dios hoy, y ahora, en cada una de esas situaciones.

Abramos nuestros ojos de fe para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos privados de fe, de cercanía, de sentido en la vida, de familia, de amistad, en definitiva privados de Dios, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio.

Que nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nuestro corazón joven y cristiano para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad, de la fraternidad y del Amor de Dios. Que su grito se vuelva el nuestro.

¿Cómo podemos vivir la Navidad Cristiana, inmersos en todas estas situaciones?

  • Podemos estar más tiempo con nuestros padres, en diálogo agradecido.

  • Podemos ser más cariñosos con quienes están habitualmente a nuestro lado,

  • Podemos ocuparnos con más afecto de nuestros mayores, abuelos, vecinos…etc

  • Podemos sonreír mucho, con inmenso cariño, (no podemos abrazar ni besar).

  • Podemos estar a la escucha, y tener pequeños detalles con las personas.

  • Podemos mandar mensajes de aliento y consuelo a quienes sabemos están sufriendo.

  • Podemos dar a los que más lo necesitan algo de lo que tenemos, nos sobre o no.

  • Podemos recordar con paz a quienes se fueron, avivando así la esperanza de volver a estar juntos algún día.

  • Podemos recorrer distancias para encontrarnos de nuevo con un familiar o un amigo.

  • Podemos perdonar a quien en algún momento nos haya hecho daño para poder así cicatrizar las heridas del pasado.

  • Podemos pedir perdón habitualmente cuando nos hayamos equivocado.

  • Podemos ser comprensivos, acogedores, serviciales.

  • Podemos caminar juntos y darnos cuenta de que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.

  • Podemos quedarnos a solas ante el Sagrario y darnos cuenta de que Dios está junto a nuestra pobreza y debilidad; que algunas veces tanto nos bloquea y nos rebela.

  • Podemos ser agradecidos, y mirar las cosas, los acontecimientos y las personas con otros ojos…los ojos de Dios, los ojos de la fe.

  • Podemos mirar a Dios, y alabar y bendecir a Dios, creador del Universo.

  • Podemos, en definitiva, ser misericordiosos porque así manifestamos que hemos descubierto la misericordia del Señor.

    Yo creo que así podemos vivir mejor la Navidad.

    Porque las luces se apagarán en unos días, los árboles se secarán, los belenes se volverán a guardar, las fiestas se terminarán…quizás vuelvan las medidas restrictivas, una tercera oleada de Epidemia, un nuevo “auto confinamiento”. Pero el amor siempre permanece.

    Y eso es la Navidad: Dios que se hace uno de nosotros para estar más cercano y decirnos así que nos ama, y que es posible que las personas también nos queramos.

    Jesús, el Salvador, ya ha hecho una opción por nosotros.

    Y nada le apartará de dar la vida para que nosotros la encontremos.

    Que este sea el sentimiento más profundo de nuestro corazón de cristianos:

    ¡Gloria a Dios en las alturas y paz a todos los hombres que ama el Señor!

    Feliz Navidad, hermanos.

Miguel José Cano López

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