¡Qué viene, qué viene, eh, eh! ¡Qué viene, qué viene, eh, eh! Así es como debería estar nuestro corazón estos últimos días. Todo el año esperando este momento, y casi ya está a punto de pasar. Ahora vienen los remordimientos por si podría haber hecho algo más, algo mejor, haber trabajado un poco más eso que me cuesta, haber dedicado más tiempo a la oración… Y así nos volvemos a llenar la cabeza con preocupaciones y cosas que no son Dios. Muchas veces el centro de las preocupaciones somos nosotros, nuestra imagen, nuestro orgullo… Pero… ¡es que la Navidad no va de esto! Haz silencio y calla, calla todas tus voces interiores y escucha, estate atento y expectante al misterio más grande que está a punto de suceder: Dios entra en la historia. 

Esta Navidad quédate en el Portal, ve pronto, no tardes en llegar y estate tiempo, horas, días, viviendo en el Portal, contemplando todos los detalles. Que tu corazón descanse adorando al Niño pero que Él también pueda descansar en ti, en un corazón enamorado, en un corazón abierto de par en par a la llegada del Salvador. Que el Niño no encuentre resistencias en tu corazón, que no encuentre ruidos, otros protagonismos, otros reyes… 

Pídele a la Virgen que te deje coger al Niño en brazos, deja que Jesús juegue contigo; y pídele a san José su corazón para poder amar a Jesús y a la Virgen como él lo hace. Empápate del ambiente que reina en el Portal y llévalo allá donde estés.

Tómate tiempo para adorar, para entrar en el Misterio, escucha el silencio de Dios, la risa de Dios hecho hombre, observa el rostro del Salvador. Deja que entre e inunde tu vida. Que el amor infinito de Dios manifestado en el Niño Jesús sea el rumbo que guíe tus pasos, la verdad sobre la que construir toda una vida.

Y vuelve, vuelve constantemente de rodillas al Portal, agáchate como Él también se abajó para encontrarnos. No huyas de este Dios que se ha rebajado hasta la forma de un Niño para encontrarte, para que Le ames, para que te dejes sorprender por la humanidad de Dios. 

A Sus pies renueva el deseo de pertenecerLe, de seguirLe y amarLe. Que esta Navidad sea un momento de conversión, deja que Él haga, que entre y reine en tu vida. Pero calla y estate atento y expectante a este Dios hecho Niño por amor. 

Que sea una muy feliz y santa Navidad, donde Cristo reine y que el amor de la Sagrada Familia sea el que invada tu hogar y todas tus relaciones.

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