domingo, junio 20, 2021
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El abrazo de Dios

Aparentemente tu vida es perfecta: una familia que te quiere, un buen grupo de amigos, unos estudios que te gustan… Lo fácil sería seguir viviendo por inercia y de manera superficial, como muchos de los jóvenes de mi edad, pero afortunadamente, yo no puedo considerarme como la mayoría de jóvenes porque yo he tenido la gran suerte de sentirme amada por Dios y elegida para llevar una vida más plena.

Soy Laura Herranz, de Segovia, una joven de 23 años para la que Dios, de una manera u otra, siempre ha estado presente en su vida. Tuve la suerte de nacer en una familia sencilla en la que desde pequeña me inculcaron valores cristianos como ir a misa los domingos, rezar en familia, bendecir la mesa… Sin embargo, a medida que me fui haciendo mayor, estas prácticas dejaron de tener sentido para mí, pensaba que la fe y la Iglesia no tenía nada que ver con los jóvenes.

Pero Dios nunca nos abandona. En ese momento en el que yo más lo necesitaba, puso en mi camino un campamento de verano organizado por las Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia, que me enseñaron que se podía ser alegre, joven y seguir a Cristo a la vez. Este campamento supuso para mí una transformación en la manera de pensar y de vivir la fe, además, tuve la oportunidad de conocer a muchos más jóvenes que también seguían a Dios y que me hicieron ver que no estaba sola.

La fuerte experiencia que tuve durante esos días en el campamento, me hizo ver la necesidad de acoger a Dios como uno más en mi vida. Empecé a verlo en las cosas sencillas del día a día y a valorar muchos pequeños detalles que hasta entonces habían sido insignificantes, pero que, a partir de ese momento, escondían un gran abrazo de Dios. Desde ese campamento también me di cuenta de todo el amor que hay en el mundo y de la misión que nosotros como cristianos tenemos de llevarlo a los demás.

A día de hoy, solo puedo dar gracias por ese grupo de Jóvenes Nazaret que de la mano de las Esclavas Carmelitas, con su vocación, su amistad, pero sobre todo con sus entregas, me siguen ayudando cada día a acercarme más a Él.

Por otra parte, el hecho de incorporar la fe a los diferentes ámbitos de mi vida, también me sirvió para agradecer la vida de otras muchas personas diferentes a mí, que, sin creer en Dios, también me acercan a Él; entre ellas mi grupo de amigos “de siempre”, con los que no comparto fe, pero sí mucha vida y muchos aprendizajes que también me hacen mejor persona.

En la actualidad, participo en las diferentes formaciones de jóvenes ofrecidas por la diócesis, en la pastoral universitaria, en mi parroquia como catequista y en otras actividades que me ayudan a seguir forjando mi fe y me hacen consciente de la gran familia que formamos como Iglesia.

Espero que Dios me siga concediendo el don de la fe y el regalo de poder seguir viéndolo en el día a día, a pesar de los problemas o las dificultades que puedan ir apareciendo en mi vida.

Laura Herranz

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