Nos hemos detenido en la figura de san José y de la Virgen, quizá las más obvias y recurridas. No obstante, ¿quién puede ser el protagonista más protagonista? Sí, me estoy refiriendo a Dios Padre. Esta semana os animo a pensar en el Padre que entrega a Su Hijo.

Cuando pensamos en el Pesebre lo relacionamos con la Virgen, san José, el Niño, los pastores, la mula y el buey, los Reyes Magos, los ángeles, la estrella… Y todos tienen su protagonismo y son necesarios. Nos podemos poner en la piel de todos ellos y vivir la Navidad desde su mirada. Pero todo esto no sería posible si Dios Padre no hubiese querido. Por eso, esta semana queremos fijar nuestra atención en el Padre que ha querido, por amor a los hombres, que su Único Hijo naciera pobre, en una familia, en ese momento concreto de la historia.

Al ver al Niño, toda la imagen del Pesebre, podemos descubrir cómo nos ama el Padre. ¡Hasta dónde se ha humillado para salvarnos, para atraer nuestro amor, para mendigar cariño! Me imagino a Dios Padre mirando desde lo alto el Pesebre, con unos ojos tiernos, conmovidos, alegres… ¿Cómo contempla el Padre al Hijo? ¿Cómo mira el Padre a la Virgen? ¿A san José? Podemos detenernos en compartir la mirada que Dios Padre tiene de toda la escena. (No sé si teológicamente esto sería correcto… pero nos puede ayudar a entrar más a fondo en el misterio de la Salvación y Redención, en el misterio de la Encarnación).

¿Cómo se preparó el Padre para la llegada de su Hijo? ¿Qué tendría en el corazón? Yo creo que sentiría nervios, alegría, esperanza, deseo, amor… (Repito que esto seguro que teológicamente no se sostiene, pero sí que nos puede ayudar a verlo más claro).

Cuando el Niño nace, ¿agradeces a Dios Padre que haya querido esto para nosotros? ¿Lo agradecemos suficiente? ¡Cuánto amor nos tiene el Padre para darnos a su Único Hijo! Esta semana podemos caer en la cuenta de esta verdad.

Mirando al Hijo podemos ver al Padre, y en el Padre, el Hijo. ¡Cuánto amor! ¿Soy partícipe de ello? ¿Dónde voy a poner la mirada esta Navidad?

 

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