lunes, septiembre 27, 2021
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Dios, el centro de mi vida. Testimonio de Carmen

Una vez me preguntaron con qué personaje histórico me gustaría cenar, y sin duda, diría que con Jesús. Me encantaría saber cómo me ve Él desde el cielo, en qué debería mejorar y, sobre todo, darle las gracias por todo lo que ha puesto en mi vida y lo que ha hecho conmigo. Esa oportunidad de cenar con Él la tengo en cada eucaristía o en cada ratito de oración, así que ojalá me lo pueda tomar como tal cada día.

Me llamo Carmen, tengo 23 años y soy opositora a la carrera judicial y fiscal. Nací en una familia católica. Mis padres fueron los dos primeros ángeles que Dios puso en mi camino para ayudarme en la fe y acercarme al Señor. Tengo dos hermanas que también son fantásticas y completan el equipo. Soy de Calahorra (La Rioja) y allí viví durante toda mi infancia y adolescencia muy, muy feliz. Fue allí y entonces cuando se forjó la relación con mi grupo de amigos que también son maravillosos.

Cuando vivía en Calahorra iba a misa todos los domingos por tradición familiar, pero podría decir que no vivía la fe. Allí es bastante difícil pues no hay grupos de gente joven que vayan a misa, o al menos, no como he descubierto después.

Tras terminar bachillerato había que decidir qué y dónde estudiar. Tras muchos quebraderos de cabeza, elegí Pamplona, a pesar de que no era mi primera opción. Eran, como decía mi padre, “los signos de los tiempos”. La elección fue estudiar Derecho en la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

El día que me trajeron mis padres para empezar aquí una nueva etapa, mi madre insistió en la idea de que tenía que buscar algo que me hiciese crecer como persona y Dios la escuchó y cumplió sus peticiones.

A lo largo de los cuatro años de carrera han ido apareciendo angelitos en mi camino para acercarme al señor. Si tuviese que dar una característica común a todos ellos, sería, sin duda, la alegría. Estas personas no me han acercado a un Dios lejano, raro, difícil ni misterioso, sino a un Dios hecho hombre que está al lado de ti y de mi, que comparte mis preocupaciones y las tuyas. Él me ayuda a no desviarme del camino correcto, me tiende una mano amiga y, en definitiva, traza conmigo mi camino de la Vida.

Si me detengo a pensar en mi historia con este gran Amigo, me doy cuenta de que al igual que a mí no me ha soltado de la mano, y ha querido que ciertas personas hayan aparecido en mi vida para llevarme hasta él. De la misma forma, esta historia la quiere tener con cada uno.

Cuando acabé la carrera y decidí empezar la oposición, era consciente de que iba a necesitar ayuda, ya que es un camino muy largo y duro. Por supuesto que esto no sería lo mismo sin mis padres, que son los que me han hecho llegar a ser quien soy, sin mis hermanas ni sin mis amigos de Calahorra, ni tampoco sin mis amigas y amigos de Pamplona y tantos más que están ahí cuando lo necesito, se me atraganta un tema o simplemente necesito ánimo.

Sin embargo, el camino no podría llevarlo igual sin mis ratos de oración delante del Santísimo, sin mis reuniones de Effetá que cada jueves son un regalo, sin la catequesis de los viernes o la misa de los domingos ni sin las canciones de Hakuna que me ponen de buen humor cada día. Esto es lo que me hace tirar para arriba y seguir hacia adelante cada día.

Para mí la fe es un regalo y como tal la intento vivir y disfrutar cada día. Intento no descuidar mis ratos de oración para agradecer todo lo que me ha dado, que es un montón y para contarle mis preocupaciones porque Él mejor que nadie me conoce y sabe lo que necesito y también para descansar en Él y dejarme hacer, porque no soy autosuficiente.

A todo ello me ayuda la Virgen, muy especialmente la Virgen del Carmen, a la que mi madre desde pequeña me ha acercado. A ella siempre le pido que “extienda la mirada de sus ojos misericordiosos sobre todos nosotros, dando a cada uno lo que más necesite”.

A pesar de todas estas buenas intenciones, es verdad que no siempre consigo estar todo lo cerca de Dios que me gustaría, porque las ocupaciones diarias a veces me hacen olvidarme. Aun así, me lo recuerdo a mi misma poniendo estampitas en la mesa de estudio o en la cartera.

Intento dar cada día pasos de hormiguita para mejorar en todo esto, pero todavía me queda mucho por aprender, por mejorar, mucho camino por recorrer y mucho por descubrir de Jesús, de Dios padre, y su madre, la Virgen que también son los míos.

Cuando terminé el retiro de Effetá, una de las mejores experiencias de mi vida, una amiga me dijo que Dios había pasado a ser el centro de mi vida. Ojalá sea verdad.

Carmen Asensio Arnedo.

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