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Hablemos de vacunas

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Hablemos de vacunas

Desde pequeña, por la profesión de mi padre, me he criado entre artículos sobre vacunas, pandemias, microbiota…, blogs de divulgación científica, clases preparatorias sobre virus y bacterias e innumerables conversaciones sobre el apasionante mundo de la microbiología.

Ahora, en plena pandemia, todos ansiamos la dichosa vacuna que nos proteja sobre el coronavirus. Que si la mía tiene un 95% de efectividad, que si una o dos dosis, que si llegará en enero, que si seremos los últimos en vacunarnos… Inmensidad de preguntas que revolotean en todos los titulares de nuestros informativos y periódicos. Una vacuna que esperamos ansiosos y con esperanza. Una vacuna con la que pretendemos combatir al virus, con la que buscamos esa inmunidad frente a la enfermedad y sus síntomas. Una vacuna con la que aspiramos a salvar vidas y fortalecer nuestro sistema inmune frente a la infección.

Pero… ¿será esta vacuna capaz de frenar la desolación, el dolor, el odio, el sufrimiento y la tristeza que hay en este mundo? No lo sé, sólo sé que hace ya unas semanas comenzó la gran campaña de vacunación contra el dolor, el odio, el sufrimiento… Comenzó el adviento. Las semanas preparatorias para la llegada de la vacuna más esperada. La vacuna que es capaz de sanar los corazones de todos cuantos quieran ponérsela. La vacuna cuyo principio activo es el amor y cuya fecha de entrega es el 25 de diciembre.

No es complejo su mecanismo de acción, únicamente tienes que confiar y dejar que actúe en ti. Los efectos que produce son insólitos. Es capaz de consolarte en los momentos de mayor angustia y soledad. Tiene la capacidad de perdonar todo aquello que tú no eres capaz de perdonarte a ti mismo. Consigue que tu corazón rebose alegría, serenidad, esperanza… Y su efectividad es del 100%. Logra que todo el peso que cargas sobre ti mismo, las preocupaciones, una enfermedad, la falta de empleo, la pérdida de un ser querido…, te resulten más sencillas de sobrellevar. Consigue que seas feliz.

No tiene coste alguno y los beneficios van destinados a todas y cada una de las personas que habitan en este mundo. Mola ¿eh?

¿Cómo conseguirla? Sencillo. Recógete, haz silencio, reza, puedes hablar con los proveedores (suelen estar en los confesionarios o celebrando misa y siempre tienen un hueco para atenderte). Pero lo más importante, confía. Déjate vacunar por el amor de Dios. Aprende de María y José. Ellos ya se vacunaron hace tiempo y la jugada les salió bastante bien. Créeme si te digo que, probablemente, es la mejor decisión que vayas a tomar en tu vida.

¡Vacúnate frente al dolor, el odio y la desolación!

Ana López Recalde