Si la semana pasada nos pusimos en la piel de san José, esta semana no podíamos fijarnos en otra persona que en…¡LA VIRGEN!

De la Virgen podemos decir muchísimas cosas y siempre nos quedarían más… Esta vez queremos detenernos en la actitud de espera de la Virgen, porque nosotros tenemos que tener esta actitud como Ella.

La espera de la Virgen es la propia de todo cristiano, como la parábola de las vírgenes prudentes. Esperar al Señor quiere decir estar siempre esperando, atentos, en vela, esperando al Señor que viene a visitarnos. María tiene una actitud activa, no solo espera tranquilamente que nazca Jesús, sino que me la imagino preparando su corazón, todas las cosas para el viaje, etc. 

La ocupación principal de la Virgen es esperar la llegada de Jesús, estar siempre atenta. Porque quien espera ya está amando al que espera. Cuanto más amamos, más esperamos y al revés. Realmente, ¿cuánto deseamos la venida del Salvador? ¿Cuánto nos preparamos? ¿Qué importancia tiene la actitud de espera en nuestra vida? ¿Qué esperas tú? ¿Cómo lo esperas?

Me imagino a la Virgen esperando pero más bien con una actitud interna de devoción, de prontitud del corazón, de apertura a la gracia, dispuesta lo que fuera necesario. Y no está ocupada en preparar sino que ya se prepara. Porque muchas veces, lo que nos ocurre es que ocupamos el tiempo en preparar, preparar… pero realmente no estamos preparándonos, no estamos adornando nuestro corazón. La Virgen sabía centrarse en lo importante, su preparación era exclusivamente de amor. 

Y esta espera nos debe llevar a una enorme alegría, ¿cómo estaría la Virgen? Me la imagino sonriendo a escondidas mientras prepara la comida, con una profunda paz y alegría interior. Porque el Señor viene para darnos la alegría en plenitud y la paz profunda del corazón.

Decía el P. Mendizábal respecto a la actitud de la Virgen: «María es Madre, Hermana, Amiga. No solo Ella nos precedió en la fe, sino que nos acompaña en la fe con su ejemplo aplicado a nosotros, y ese ejemplo de la Virgen, es el ejemplo de su espera. (…) María dentro de nuestra vida es modelo de esperanza y al mismo tiempo es Ella artífice en nosotros de la visita del Señor. María nos puede acercar al Señor que viene a nosotros».

La preparación de la Virgen a la llegada de su Hijo se funda en la seguridad de que de verdad va a venir y lo dispone todo con el amor necesario. Si no hay amor, no hay esperanza. Lo fundamental es que el amor prepare la venida del Señor. 

Madre de la Esperanza, enséñanos a esperar. 

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