Nuestro encuentro con Cristo

Tomar un café, a veces puede cambiarte la vida cuando estás con la persona indicada. Hace no muchos años, hablando con un gran amigo y después de bastantes preguntas que surgieron esa tarde, la respuesta que más me llamo la atención fue cuando le pregunté sobre la felicidad: ¿Qué ha sido lo que más te ha hecho feliz en la vida?

Ante tal pregunta muchos podríamos quedarnos horas pensando, de hecho, ni yo me la había planteado aun; pero él, casi sin pensar un solo segundo me respondió de una manera muy inesperada, que: “aquello que más me ha hecho sufrir, también fue aquello que me llevó a ser más feliz”; pasar por un cáncer no es fácil ni para el que lo padece ni para su familia, pero puede llegar a ser una gran oportunidad para un encuentro inesperado con Cristo.

San Josemaría lo resumía en una frase “Omnia in bonum”. «Todo es para bien». Al final, todo resultará bien. Esa frase no se reduce a una expresión de simple resignación ante una situación difícil y, en apariencia, desesperada. Por el contrario, es una expresión de genuina esperanza cristiana ante dificultades reales y objetivas. Es saberse siempre y en todo momento en medio de las circunstancias más corrientes de nuestra vida, hijo de Dios, y actuar conforme a lo que supone dicha afirmación. Y es que, el mundo de hoy requiere de vidas coherentes con el mensaje cristiano, y esa vida coherente con el mensaje cristiano tiene que ser la mía.

Vivir la fe, una fe operativa, resulta en con­vertir cada realidad en ocasión de diálogo continuo con Dios, incorporando en nuestra propia vida el constante cumplimiento de unas ciertas normas de piedad que poco a poco irán contri­buyendo al desarrollo vital de la vida espi­ritual; unos minutos de oración mental, la asistencia a la Santa Misa –diaria, si es posible– y la Comunión frecuente; acudir regularmente a la confesión; la visita a Jesús en el Sagrario; el rezo y la contemplación de los misterios del San­to Rosario, y muchas otras prácticas que harán que nuestro querer, se identifique con el querer de Cristo.

El plan de vida terminará siendo entonces aquella brújula que nos muestra el norte para un conocerle y amarle cada vez más y mejor; pero así mismo, no nos podemos olvidar que si queremos encontrarle ¡Cristo está en la cruz!, y para subir a esa cruz, debemos de hacer vida nuestra la vida y la muerte de Cristo; una vida de fe, de una fe que se demuestre en obras; en cómo esta semana supe querer más y mejor a mis papás, supe querer más y mejor a mi pareja; supe ser más tolerante y comprensivo con mis compañeros de trabajo, con mi familia… ¡Ellos vieron en mí a Cristo!; sólo así se vive la vida de Jesucristo y nos hacemos una misma cosa con Él.

A veces la Cruz aparece sin buscarla: es Cristo que pregunta por nosotros, en medio de las cosas más materiales de nuestra vida es donde está nuestro encuentro cotidiano con Jesús, en medio de nuestras luchas, en medio de nuestras alegrías y tristezas; porque Él nos quiere así, siendo auténticamente nosotros; y seremos auténticamente nosotros si somos auténticamente cristianos. Así iremos entendiendo que: «Todo es para bien», que nuestra felicidad siempre será en forma de cruz, de una cruz que nos lleve a Cristo.

Nicolás Orjuela Pérez