lunes, septiembre 27, 2021
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Ser un buen cristiano en una familia creyente y practicante es fácil. ¿O quizá no?

Durante mucho tiempo yo pensaba que lo era, que con ir a misa y ser bueno bastaba para ser un buen cristiano. Desde pequeño, en 4º de Primaria, participaba en un grupo cristiano que había en mi colegio. Era todo lúdico y divertido con un trasfondo cristiano. En esa época, recuerdo, empecé a pensar que yo era mejor cristiano que los demás porque, en fin, yo iba a misa regularmente e hice la Primera Comunión porque quise y no solo por los regalos. El grupo seguía avanzando y ya estábamos en la ESO y los grupos ya eran un poco más profundos. Y ahí si que notaba que yo necesitaba más profundidad y por eso me sentía mejor cristiano. Finalmente, cambié de colegio para hacer el Bachillerato.

En mi nuevo colegio, me metí en los grupos de fe que se orientaban hacia la confirmación con una espiritualidad ignaciana. Y allí tuve mi primera conversión. De pronto, en un retiro al llegar el momento de compartir nuestro rato de oración, escuché a gente abrir su vida de par en par. De alguna manera, Dios me decía que no era mejor cristiano que nadie por ir más a misa, ni por ser más profundo. Así, descubrí que la fe no va de ser mejor que los demás, que ser un buen cristiano no es más que vivir desde la humildad para mayor gloria de Dios.

Esta segunda etapa, la de la humildad, no fue muy larga. Pronto sentí que mi vida cristiana necesitaba una revolución, un sentido más allá de vivirlo en privado. Y orando y reflexionando mucho, llegó el retiro previo a la Confirmación. Recuerdo perfectamente que sentí las ganas de gritar a los cuatro vientos que soy cristiano, que quiero seguir a Jesús. Y así lo hice desde el día de mi Confirmación. Pero no bastaba con decirlo y ya, había que demostrarlo.

Quería ser el mejor cristiano posible y me lancé a ello. Ya participaba en algún voluntariado, pero sin saber muy bien por qué. Era una mezcla de ayudar a los demás y sentirme bien conmigo mismo, pero Dios no encajaba allí en ningún lado. Y, realmente, durante los dos años posteriores a mi Confirmación no hice mucho, entré en una comunidad de universitarios y bueno, reflexionaba y pensaba en cómo darle ese sentido a mi vida.

Al final, tras una etapa personalmente dura, decidí volver a mis raíces y comencé a llevar un grupo de Confirmación en mi colegio de Bachiller, donde Dios me había puesto en humildad al servicio de los demás. Y esa fue la culminación de mi proceso de búsqueda. Durante los tres últimos años he sido guía de grupos de Confirmación y siento que mi ser cristiano solo tiene sentido desde el servicio.

Sin embargo, mi peregrinaje no había acabado. Durante un tiempo, había ido creciendo en mí un reconocimiento de pecador y me quedé en eso. Me sentía un pecador casi humillándome ante Dios por mis errores. Estaba claro que había llevado la humildad un paso más allá de lo que debía. Y así, llegué a este último verano en el que tenía planeado un par de voluntariados: uno con mi cole y otro desde mi comunidad. Evidentemente, la pandemia lo tiro todo por tierra. No obstante, Dios me tenía preparada una sorpresa: unos Ejercicios Espirituales en Javier.

Durante esos Ejercicios Espirituales, durante esos 5 días, repasé toda esta experiencia y pude sentir el abrazo caluroso de Dios Padre al ver toda mi historia. Sentía esa humildad excesiva, ese ser pecador que tengo dentro y luego, mirando a Dios, Él me decía que por muchas veces que cortase la cuerda que me une, es decir, que pecase; Él siempre volvería a anudar la cuerda, a perdonarme y aceptarme como soy. Dios siempre re-anuda la historia de amor. Esa experiencia de sentirme profundamente amado me impulsó y, días más tarde, orando mi vocación de servicio le dije: “Sí, Señor, contigo y como TÚ”.

Mi vida, mi experiencia de fe es esta. No es una vida extraordinaria, pero en las cosas pequeñas, en el día a día siempre he sentido la grandeza del Señor, que me acoge y me perdona y me llama a vivir a su imagen, poniéndome al servicio de los demás para así construir el Reino de los Cielos.

Javier Ginés

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