Una actividad necesaria para el católico es la correcta evangelización. Suena fácil pero resulta complicado en cualquier tiempo y circunstancia. Hoy por hoy, vivimos una época llena de incertidumbre y miedo por la pandemia y todo lo que trajo consigo. Desempleo, enfermedad, deudas, egoísmos disfrazados de pretextos banales, necesidades económicas, sociales, afectivas, políticas, sanitarias… un sinfín de cosas negativas que se exacerban con el paso de los días pues esto no ha acabado aún. A veces, en medio de tanta adversidad, uno se pregunta ¿Dios, estás? Tanta soledad y falta de amor y empatía abruma a cualquier alma. No creo estar sola, al sentir que todo esto sobrepasa nuestro entendimiento y muchas veces nuestra capacidad física y anímica. Yo sé que tanto para ti como para mí, quien nos levanta y renueva día a día es DIOS, pero ¿qué pasa con ese ánimo de caridad y amor por los demás? Es lo primero que no debe caer. Nos merecemos estar completos para nosotros mismos y para los que más amamos.

Evangelizar, al predicar las virtudes y la fe en DIOS, es actuar y decir la verdad con amor y caridad pero sobre todo con la misericordia que nosotros queremos para nosotros mismos y para los que más amamos. Hay que reconocer que es tarea de práctica y humildad pues como todo en la vida, la práctica hace que esta importante tarea sea cada vez más fina. Debemos hacerlo con audacia beneficiosa guiada por una razón y voluntad ordenadas en el correcto juicio. Las acciones deben ser encaminadas al impulso de la audacia bajo un razonamiento sereno y consciente empático. Debemos hacerlo con creatividad e ingenio bajo el amparo de las nuevas tecnologías y medidas sanitarias a los que nos enfrentamos en esta nueva realidad. Iniciativas carentes de miedo pero llenas de ánimo para llegar a cada alma necesitada de lo que sea para ayudar en lo que esté en nuestras manos a quien lo necesite. La importancia de predicar el amor que Jesús nos enseñó con AUDACIA es salir sin miedo a los obstáculos y tener la certeza que siempre estaremos protegidos y guiados por la luz del Espíritu Santo. La fortaleza, valentía, sabiduría y libertad en el hablar nos dará las herramientas para enfrentar las fragilidades y carencias, propias y ajenas. Podemos caer en la pereza o en el desánimo pero hay que levantarnos y pedir en la oración las gracias necesarias para hacerlo, a través, del fuego y amor animados por el Espíritu Santo.

«Prefiero una iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades». (Evangelii Gaudium, 49)

Seguramente al intentar la audacia y creatividad en la evangelización caeremos muchas veces y cometeremos muchos errores, pero lo más importante es reconocernos humanos y humildes; pedir en oración a Dios su guía y dejarnos que El Espíritu Santo actúe en nosotros porque aunque todo se vea complicado, Dios NUNCA nos abandona.

Busquemos comunicar el amor de Dios con alegría y ser solidarios en dolor y alegría con nuestro entorno para derrotar al miedo y apatía. Rompe paradigmas pues hacer las cosas distinto, fuera de lo cómodo, motivará e iluminará la vida de la gente que te ama, así como ellos lo hacen con la tuya. Demuestra tu fe con orgullo y utiliza los talentos que Dios te otorgó a beneficio de tu prójimo con humildad, rezo por ti, para que empieces con quien tienes más cerca.

Karla César Vargas

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