Mi vida con Dios ¿Cómo lo vivo?

    Tu vida es una historia de Amor de los pequeños detalles que Dios ha ido teniendo contigo a lo largo de ella, por eso merece la vida conocerLe. Quiero comenzar escribiendo sobre El Protagonista de mi vida.

    Él es Jesús, es mi amigo, mi fortaleza, en quién descanso cada día, quién entiende mi corazón y a pesar de todo lo abraza, en quién renuevo todas mis fuerzas, quién me da de beber cuando mi corazón está sediento de amor y es incapaz de amar. 

    Por si fuera poco, con todo esto, Él ha muerto por mí y por ti, dejándolo todo por TODOS. Lo hizo hace más de dos mil años, pero lo sigue haciendo cada día, en cada Eucaristía, en la Santa Misa, sigue amándonos hasta el extremo, hasta dar su vida por EL MUNDO ENTERO. Este es mi amigo, Jesusito. Pero no solo es mi amigo, sino que también puede ser tu amigo, tu confidente, lo único que tienes que hacer es abrirle las puertas de tu corazón. Abre las puertas de par en par, entonces Él entrará y transformará tu vida, igual que lo ha hecho conmigo también lo hará contigo; pero si no le abres Él seguirá su camino como un pobre mendigo que no halla posada donde habitar. NO TENGAS MIEDO, CONFÍA EN ÉL, EN EL AMOR VERDADERO. 

    La otra protagonista de la historia, soy yo. Me llamo Elisa y tengo 21 años. Nací en Madrid en una familia católica. Somos seis hermanos y cada uno a su manera, pero con unos corazones enormes y unas ganas de amar increíbles. Somos una familia de lo más normal que existe en este mundo, con nuestras luchas y batallas aun por conquistar.

    En primer lugar, uno de los primeros regalos que me hizo Él fue nacer en esta familia, sé que no es la mejor, ni la que más se quiere; pero a pesar de todo ahora puedo decir que es la familia que Jesús me ha dado, que me ha regalado y… ¿Cómo puedo rechazar un regalo por muy roto que esté? Lo único que me sale es abrazar este regalo, es abrir mi corazón a Él y que con su ayuda, poco a poco, vayamos cosiendo los rotos con las mejores herramientas que son el amor y el perdón.

    Otro detalle que Jesús ha tenido conmigo es el regalo tan preciado de la Fe. Como os he dicho yo nací una familia más o menos católica, ya que mi madre es católica y mi padre no. Siempre ha habido discrepancias en casa con todo lo relacionado con la Fe y con Dios; pero a pesar de ello Jesús nunca nos ha abandonado. Estudié en un colegio católico del que solo puedo hablar maravillas porque fue donde afiancé mi fe y conocí a amigas y profesoras que hoy en día siguen siendo angelitos que dan luz a mis días. Siempre he creído en Dios y nunca he dudado de su amor, pero nunca he sido consciente de ello, nunca había palpado su amor con mi corazón, nunca había sentido tan de cerca su misericordia, hasta que hice el retiro de Effetá. Ahí no cambió mi vida, sino que cambiaron mis días, mi mirada, mi corazón, mi relación con Dios se hizo más sincera y cercana, ya no éramos conocidos, sino amigos de corazón a corazón. También en Effetá he descubierto el gran tesoro que es una amistad en Dios, de compartir y vivir la Fe en familia. Tampoco puedo olvidarme de mi Madre del Cielo, La Virgen María. Siempre me ha buscado, pero yo ciega no había visto su mirada de ternura y su amor por mí, hasta que en una peregrinación en Fátima me encontré con Ella cara a cara, ahí pude ver todo el sufrimiento que llevaba encima por tantos hijos que no aman a Su Hijo. A Ella es a quién acudo cada día, Ella me protege y me acompaña cada día, es quién sostiene mi vida y me acerca cada día más a Jesús.

    He de decir que mi relación con Dios es una batalla por la que lucho cada día, con cada circunstancia de la vida, pero siempre en guardia y alerta, nunca me doy por vencida por muchos desiertos que resequen mi Fe. La Fe no solo consiste en perseverar sino también en dejarse llevar por Su Amor y aceptar los momentos en que uno afloja. “Permaneced en mi amor” así dice Él, que permanezcamos firmes y confiando de corazón. 

    Actualmente estudio 4º de enfermería en la Universidad de Navarra, un privilegio del cielo y, sobre todo, porque puedo vivir mi fe a través de mi vocación como enfermera. Como decía la Madre Teresa de Calcuta “que nadie se acerque a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz”, así podría decir que intento vivir mis prácticas en el hospital con cada paciente que cuido y acompaño. Puedo ver a Jesús en cada uno de sus rostros pidiendo tan solo un poco de agua, porque están sedientos de ser amados, de ser mirados con una mirada que abrace, de ser escuchados y comprendidos. 

    Mi Fe en Jesús me hace darme hasta el punto de vivir en el otro y de morir en mí, de darme por entera, pero lo más increíble es que recibo de cada paciente más de lo que yo puedo dar. Un día después de prácticas acabe en una adoración al Santísimo y de mi corazón brotaron estas palabras: “Jesusín, gracias, gracias y tantas gracias tengo que darte. Tú me salvaste y me sigues salvando en cada instante de mi vida. Estoy agotada físicamente, pero estoy llena por dentro, tan llena que no cabe en el corazón tanta alegría y tanta paz. Puedo comprender que dar es recibir, pero multiplicado por mil de lo que Tú has dado. Hoy he dado tanto de mí, hasta llegar a olvidarme de mi propia presencia, he amado sin darme cuenta, he abrazado corazones sufrientes sin saberlo, y allí has estado Tú, Señor, en cada mirada con cada paciente. Te he visto y he podido comprender Tu sufrimiento, esa Sed que te consume, pero Tú, mudo ante ese dolor solo nos miras y nos das todo Tu Amor y Tu perdón. Ahora entiendo, y quiero creer que Tú vas conmigo, que no nos abandonas nunca. He podido ver cómo tu Madre nos sostiene con sus brazos, cómo ama a sus hijos y sufre por ellos.”

    La Fe que Dios me ha dado es mi sustento, permanece en mí gracias también a mi Madre del Cielo, al Corazón de Jesús, y a tantos angelitos que Dios va poniendo en mi camino aquí en la tierra. La Fe es apasionante, es una aventura de locos enamorados que no se dan por vencidos.

    Elisa Sánchez Álvarez