Discernimiento: ¿Es de Dios o no?

Me viene un pensamiento, una idea… pero ¿es de Dios o no? Muchas veces nos encontramos en esa duda constante de no saber si estamos haciendo lo que Dios quiere, no solo en las grandes decisiones, sino también en lo pequeño de cada día.

San Ignacio, maestro de los afectos y del discernimiento, propuso en su día numerosas reglas, criterios, para saber distinguir qué es aquello que Dios quiere para cada uno en cada momento y qué es del demonio. San Ignacio nos dice que el demonio lo que no quiere que hagamos es la voluntad de Dios o que pensemos que la estamos haciendo cuando en realidad no, y por eso muchas veces se reviste de ángel de luz, bajo apariencia de bien.

San Ignacio nos da ocho reglas para ayudarnos a discernir cuando algo viene de Dios o del demonio.

Primera regla: es propio de Dios y de sus ángeles dar verdadera alegría y gozo espiritual quitando tristeza y turbación que el enemigo induce. Es decir, Dios nos da una verdadera alegría. Y podemos distinguir que es verdadera porque va unida a la humildad y a la caridad. El demonio da alegrías pero no son verdaderas ni duraderas.

Además, muchas veces el demonio se adapta a nuestra manera de pensar o de ser, y nos induce a pensar razones aparentes, a imaginarnos cosas que aún no han pasado pero ya actuamos como si lo que imaginamos fuera de verdad… Por ejemplo: pensamos que en algún momento Dios nos pedirá algo y será súper difícil y qué pensarán los demás… y no obstante, el Señor aún no te ha pedido nada… El demonio a través de la imaginación nos da razones aparentes que nos van enredando y no tienen ningún sentido. Igual que las sutilezas, estas son como hilos finísimos que nos hacen dar vueltas sobre nosotros mismos. Esto se propio de las personas perfeccionistas y escrupulosas. Por ejemplo: Quizá lo que dije en confesión lo podría haber dicho mejor, qué pensará el confesor si… etc. Con el Señor siempre hay claridad, sencillez. Igual que las mentiras, como una idea de falsa humildad que nos lleva a no ser sinceros con nuestro director espiritual, o con el confesor, especialmente.

Segunda regla: Dios puede entrar en el corazón o en el entendimiento y salir… sin ningún ejercicio preparatorio. Son consolaciones buenas sin causas porque cuando Dios entra arrasa, inflama el amor.

Tercera regla: Puede haber una consolación que venga de Dios, o una “consolación” con causa que sea del demonio. ¿Cómo diferenciar si viene del ángel bueno o malo? Hay que ver el fruto que produce. Si la consolación es buena, me llevará a hacer mejor aquello que es bueno en mi vida. Y lo malo me llevará a apartarme de lo bueno en mi vida.

La consolación con causa del espíritu malo: Uno empieza pensando en hacer el bien y acaba en un mal, o en algo no tan bueno. Y de esto podemos encontrar muchos ejemplos. Ej: Estoy estudiando y me entran grandes consolaciones pensando en el Señor, etc. y voy a rezar y me paso horas de rodillas… pero luego no he estudiado nada que es lo que de verdad tenía que hacer en ese momento…

Si el mal se presenta abiertamente como tal lo vemos, pero aquí se nos presenta como un bien. Es muy importante saber que es un disfraz. Por eso, es muy importante buscar consejo, sobre todo cuando hay que tomar decisiones importantes.

Cuarta regla: es propio del mal ángel entrar con la nuestra y salirse con la suya. Inspira cosas buenas pero nos termina arrastrando a sus propias intenciones.  El demonio, en verdad, solo conoce nuestro modo de actuar, no conoce nuestro interior. Por eso, si queremos luchar contra las constantes tentaciones es importante recogerse en la oración y también hacer ayuno que recogen nuestros sentidos. El demonio tiene paciencia, puede dar largos rodeos, no le importa esperar, es realmente astuto.

Quina regla: Debemos advertir por dónde van los pensamientos, como empezando con algo que era bueno, acabo en algo malo. Hay que examinar todo el proceso de nuestros pensamientos. Si vienen de Dios todo es bueno al principio, al medio y al fin; las mociones de Dios son de Dios en todo. Lo que viene del mal espíritu en algún momento no es bueno o no es tan bueno.

En Dios hay suavidad, paz, docilidad, humildad. Cuando uno se enreda en pensamientos para llegar donde él quiere, no es de Dios. El árbol se conoce por los frutos y la serpiente por la cola (lo que va dejando tras de sí).

Sexta regla:  Es bueno que nos equivoquemos para que en la siguiente no tropecemos. Si ya has aprendido, no entres, haz lo contrario. Hay que conocerse mucho para ver por dónde nos engaña el demonio. Con el demonio no dialogar, no empezar a pensar… El Señor es claro y sencillo, el demonio te va a enredar con razones… así que si percibes que puede ser una tentación, no dialogues, no entres en el juego, corta y haz todo lo contrario a lo que te está llevando la tentación.

Séptima regla: Dios entra en el alma  con suavidad. El demonio puede entrar con suavidad, pero luego nos lleva a algo violento, a la mentira. Las ideas de Dios ensanchan el corazón, y llevan a la humildad con los demás, etc. Es importante ser prudente a la hora de ver lo que Dios hace y lo que el demonio hace.

Octava regla: cuando la consolación es sin causa, solo por Dios, la persona debe mirar con atención dicha consolación; y discernir el tiempo propio de dicha consolación. A veces tenemos una luz que nos viene de Dios, y todo lo que se dice después lo vemos cómo que viene de Dios. Hay que discernir muy bien qué dice Dios y qué no dice. Somos muy dados a pensar que cosas que son muy buenas todas son de Dios, pero no.