Mi testimonio de Fe. Ana Bujalance

    Mi nombre es Ana. Cuando me plantearon la oportunidad de dar mi testimonio de fe, pensé ¿yo? ¿Hablar sobre mi vida? ¿Sobre mi fe? ¿Para qué?

    Pocos días después, recibí un mensaje con una cita de Benedicto XVI que decía “Que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que, gracias a vuestra fe, su nombre continúe resonando en todo el mundo”. Y fue aquí donde encontré la señal que necesitaba para escribir estas líneas.

    No esperéis leer una gran historia como las que os llegan a diario, creo que mi testimonio es un testimonio vulgar, uno más de aquellos a los que nos falta un “empujoncito” para vivir nuestra fe sin vacilaciones ni tapujos.

    Mi relación con la fe ha sido relativamente “fácil”. Desde pequeña la palabra “Dios”, “Virgen
    María”, “perdón”, Eucaristía”,… han estado presentes en mi vida. Nací en una familia creyente y practicante (me sorprende tener que usar estos dos calificativos: pienso que ser creyente debe llevar implícito practicar, pero parece que hoy en día no está clara esta coherencia elemental).

    Mis padres han sido siempre un ejemplo de vida cristiana tanto para mi hermano como para mí. No me puedo quejar, no he tenido que buscar a Dios fuera de mi zona de confort, pues nací conociéndolo, teniéndolo presente No obstante esta situación de ”privilegio” con la que contaba, poco a poco, sin darme cuenta, la fui dejando atrás, hasta que lo intrascendente pasó a ser cotidiano, lo cotidiano rutinario, y fui quitándole a Dios el tiempo y el espacio que se merecía en mi vida, para dárselo al mundo y a sus atractivos.

    Así pasaron algunos años, estando, pero sin estar… Pero con el paso del tiempo he ido dándome cuenta de que Él siempre ha estado a, siempre está ahí, poniendo en mi camino a las personas que necesito en cada momento, recordándome la importancia de la oración, de recurrir a Él para no flaquear y no dejarme arrastrar hacia una vida vacía y sinsentido, presentándome oportunidades de encontrármelo… La vocación sacerdotal de mi hermano fue sin duda un hito en este proceso de conversión. Otro, encontrar a mi marido, sin duda mi gran apoyo.

    Muchas veces hace falta que nos caigamos para volver a levantarnos con más fuerza y tener claro lo que buscamos y lo que queremos en nuestra vida. Para apartar todo aquello que nos hace ser peores personas, y para decidirnos a buscar y encontrar a Dios dentro de nosotros y en nuestra vida diaria.

    Actualmente estoy casada y con 3 hijos, con la difícil tarea de educarlos y de transmitirles que cuentan con el mejor aliado que pueden tener, DIOS, otro Padre con disposición y capacidad infinita de amarles. Y con María, otra madre más eficaz e incondicional que yo misma. Sé que no va a ser fácil enseñarles a descubrirlo y a vivirlo. Los valores cristianos están en crisis, estamos en el punto de mira, y atacar a la Iglesia, hoy día es habitual y continuo.

    En el momento actual se suma además esta pandemia mundial que sufrimos, que nos empuja equivocadamente a depositar nuestra esperanza en la ciencia más que en la fe y en la oración. No podemos cambiar el momento de la historia que nos ha tocado vivir, pero en nuestra mano está decidir cómo queremos vivirla. Si vivimos con alegría, buen humor, espíritu de generosidad y sacrificio, dejando a Dios actuar en nuestras vidas, podremos superar todas las dificultades. Sed valientes y no tengáis miedo a vivir vuestra fe públicamente, ahora más que nunca el mundo necesita nuestro testimonio, y el ejemplo y los frutos del sufrimiento de Cristo.

    Os dejo escrito un trozo de una canción de HAKUNA, que se llama Sencillamente, y con la que  me identifico en mi vocación:

    creo Señor sencillamente porque creer es confiar y cómo me gusta creerte sintiendo dudas,… Amo Señor sencillamente porque amar es entregarse y cómo me gusta amarte estando frio Espero Señor sencillamente porque esperar es descansar y cómo me gusta esperarte sintiendo miedo.

    Ana Bujalance