Jesucristo mi inseparable vivir

El otro día cotilleando por Youtube me apareció este vídeo que no pude evitar mirar y me pareció de vital importancia compartirlo con vosotros porque va a la raíz de la vida cristiana: la unión íntima de Corazón con corazón.

La M. Olga del Redentor, carmelita samaritana del Corazón de Jesús, nos habla del papel que juega la oración en nuestra vida y desarrolla la definición que en su día dio santa Teresa de Jesús. «No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama».

¿Hasta qué punto vives así la oración? ¿Qué alcance tiene esta frase en tu vida?

La Madre Olga dice así:

«Oramos porque estamos enamorados de Alguien y que nos ha llamado a su servicio, a estar con Él. El mayor tesoro, la mayor riqueza es Cristo y la experiencia de Jesús. Jesús es todo y fuera de Jesús no hay nada más. Solo Dios basta.

La oración es cosa de dos. No es autorreferencial, la oración cristiana supone una relación con Alguien, un vivir con Jesús y compartir con Él todas las cosas. A la oración llevamos la vida. Y Jesús mira aquello que compartimos con Él, lo hace suyo, lo acaricia… Él con su sola presencia, (a veces las palabras estorban), suaviza lo que nos resulta espinoso y nos lo devuelve suave para que lo abracemos.

Vamos a la oración para cambiar nuestro parecer al Suyo, para que Él con su amor, con sus actitudes, desde su corazón, nos enseñe a vivir, a abrazar la vida, a amar las personas como son. Que Él nos enseñe cómo se ama, cómo se entrega la vida. Vamos a conformar nuestro corazón con el Suyo. En la oración íntima con Cristo, Él prepara nuestro corazón y lo va transformando para vivirlo todo con radicalidad. Todo puede ser transformado en amor, cualquier situación.

Tratar a solas como alguien íntimo y cercano y con el que tratamos es quien más nos ama y quién más le importa todo lo nuestro. “A vosotros os he llamado amigos”. Dios compromete su vida con nosotros, continuamente ofrece su amistad, su corazón. Dios quiere ser amigo. «A mis íntimos os doy lo más que tengo que es mi Corazón, vengo a enseñaros cómo es Dios por dentro».

¿Para qué nos sirve la oración? Para conformar nuestro corazón con el de Jesús. Cada vez en mi vida haya más Jesús y menos yo, esto es la santidad; para que la gracia del Bautismo llegue a su desarrollo pleno. El objetivo de nuestra vida es configurarnos con Jesús, ser Jesús. Esto se logra por la oración. Estando muchas veces a solas, como con un amigo, nos vamos compenetrando con Él, vamos conociendo, comprendiendo sus sentimientos, sus actitudes… y nos cambiará la vida.

La finalidad de la oración es cambiar nuestra vida. La oración transforma a las personas por ese trato continuado con Jesús. Vamos matando al hombre viejo y dando lugar a una humanidad nueva según Dios. La oración es vida de intimidad con Jesucristo.

Y es que la clave está en comprender que Jesucristo tiene un corazón humano, sensible, vulnerable, ansioso de mi intimidad, sobre el cual mi correspondencia o no correspondencia a su amistad le afecta. La amistad compromete la vida. Y cuando nos llama a ser amigos compromete su corazón.

Así, Jesucristo llega a convertirse “en la vida inseparable de uno”, Jesucristo es tu vida inseparable, Aquel sin el cual ya no vives».

https://www.youtube.com/watch?v=09ivShvQTtI