Vivir la Fe

    El origen de vivir mi vocación como cristiano fue, caer en la cuenta de que la fe, es un regalo que se nos dio desde los inicios de nuestra concepción; no solo es cuestión de creer en algo o en alguien, sino sentirse amado, cuidado, protegido…, formado y enviado a anunciar la fuerza de ese Don de la fe, (Jer:1).

    La grandeza del misterio de la fe está en su forma de actuar sobre mi persona, no soy yo quien decidió seguir a Cristo, ni siquiera fui yo quien decidí conocerle sin más, no fui yo quien eligió que Dios estuviera en mi vida, sino su Amor misericordioso que se fijó en mí y es el quien quiere vivir en mí (Gal 2,20). En mi familia no se vivía una fe cristiana practicante, se creía en algo, en un dios lejano… en un dios castigador… en un dios que podría ser misericordioso pero que apenas escuchaba las peticiones…, las circunstancias y el entorno no eran tierra fértil para practicar la Fe.

    Lo más lógico era que yo no me hubiese acercado a Dios, (somos una familia extensa, mis
    abuelos paternos tuvieron 4 hijos, y la familia creció con 6 nietos por la parte materna mis
    abuelos tuvieron 9 hijos, de ellos 1 falleció muy joven y el resto les concedió 35 nietos), era poco probable que yo hiciera algo diferente a mis hermanos y hermanas, primas y primos, donde todos éramos de edades muy similares.

    Por lo que se puede ver… difícil era que yo me acercase a la Persona que cambiaría mi vida…; fue Él quien actuó en mí, e hizo poner en marcha la gracia de la Fe, apenas tenía yo entonces 6 años cuando empecé a sentir que mi forma de pensar y vivir la vida era muy distinta a toda mi familia… fue una experiencia que marcara toda mi existencia. No entendía porque debía hacerlo, pero lo cierto es que cuando iba solo a la iglesia (me crie a los pies del campanario, de la iglesia de mi pueblo), cuando me ponía delante del Santísimo y a los pies de María… y conversábamos sobre temores, dudas, alegrías, penas, ilusiones…, todo fluía en esos momentos de mi vida donde Dios compartía su existencia conmigo; yo lo hacía desde mi pequeña vida con Dios… y creo que así fue construyéndose mi Fe… sin entenderla, pero viviéndola, sin buscarla, pero muy unida a ella, sin pedirla, pero creciendo con ella.

    Desde esta realidad, quiero mostrar cómo es Dios quién concede la Gracia de creer en El, de vivirle y experimentarle. Al igual que a los apóstoles, Dios se fijó en mí y no pensó en como era la vida que llevaba, cuál era el entorno en el que nací y fui creciendo… El tenía su Proyecto de vida sobre mí y lo puso en marcha, él fue quien me preparó para vivir como cristiano. (Mc 3: 13-19).

    Ser cristiano, vivir la fe, es dejarse hacer por Dios, dejarse llevar por él. Vivir la vida desde lo cotidiano, lo sencillo, confiándole a Dios toda la vida, abandonarse a él en los momentos difíciles y celebrando con él los progresos que vamos teniendo en la vida.

    Descubrir a través de la Palabra un proyecto de vida claro y auténtico, hizo que descubriese una vida llena de libertad interior, de soledad bien entendida, donde no podría hacer comprender a los demás la vivencia que estaba experimentando porque era muy diferente a lo que el resto experimentaba, pero era lo que realmente me hacía feliz, auténtico. Era lo que necesitaba en mi vida y el resto era “menos importante”, siempre he entendido que la fe no debe ser comprendida sino respetada por quienes no la practicasen y así es como he ido viviendo mi fe hasta los días de hoy.

    Saber que Dios vive y yo soy parte de ese misterio, donde he sido llamado, para anunciar su presencia en el mundo, de un modo muy claro y sencillo a través de un modo de vida cristiano muy concreto, la consagración en la vida religiosa en el carisma de los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca; amando y sirviendo, caminando junto a la humanidad, escuchando y acogiendo, acompañando y transformando vidas desde el Amor que nos amó primero; participando en la creación de oportunidades para que el ser humano pueda crecer y desarrollarse, hace posible que mi vida tenga un sentido amplio y profundo sobre mi existencia.

    Saber que, Dios me concedió mediante la fe, la presencia de su Hijo amado y la Gracia del
    Espíritu Santo, para llevar a cabo su plan de salvación y su proyecto de vida en mí; me da la certeza de que es Él quien puede actuar en mí: dando de comer al hambriento, de beber al sediento, consolar a la persona oprimida, acogiendo a quien se siente extraño en un lugar, sanando al enfermo..(Mt25:34-40) ; y de este modo hacer que mi relación con Él sea real, cercana, desde lo cotidiano y la sencillez, transformadora para la sociedad y para uno mismo Así vivo la fe desde lo creativo, lo dinámico. Una experiencia autentica, donde cada amanecer es un reto para vivir a Dios y cada anochecer es un descanso de saber que lo has vivido por estar junto a Él. Vivir Una aventura para el ciudadano de hoy que se busca y no se haya sino es con Dios.

    J. Enrique Calvo Martínez (hermano franciscano de Cruz Blanca)