A veces conforme pasa el tiempo y conforme realizamos nuestras actividades cotidianas caemos en cierta monotonía, y por así decirlo, vamos perdiendo el sabor, las ganas o incluso el sentido de aquello que hacemos, y sinceramente, a todos nos ha pasado, creo que es una situación en la cual todos nos podemos identificar.

De lo que queremos hablar y lo importante aquí es poder tener la capacidad de detenernos y de preguntarnos: “¿Por qué inicie este proyecto?, ¿Por qué algo que tanto me gusta hoy no me da sentido?”. Y es que a veces, no es falta de sentido, a veces simple y sencillamente es falta de verdadera motivación y de recordarnos a nosotros mismos por qué hemos iniciado y por qué seguimos y también por qué queremos seguir en aquello que estamos realizando.

Este alto del que te hablaba anteriormente puede ser el día de hoy, ¿Por qué no? Puede y es un momento oportuno para poder llenar de contenido aquello que se ha vuelto vacío, y ¿de qué forma se pueden llenar esos vacíos? Volviendo a lo sencillo, a lo práctico, a lo que nos hace sentir verdaderamente vivos: desde la oración, la cercanía con Dios, el dialogo con aquellos que nos hacen un mayor bien y nos acercan a Cristo, pero sobre todo la creatividad: esta nos ayuda a encontrar formas en donde encontrar a Dios y volver a darle vida a todo lo que aparentemente ha perdido sentido para nosotros a pesar de que nos apasiona y nos gusta tanto.

Estoy seguro que cuando encontramos estas formas, y aprendemos a volver a disfrutar el camino y llenar de Dios traducidos en ciertas acciones todos esos vacíos o esas lagunas que se van creando empiezan a desaparecer… y conforme desaparecen vuelve el amor, la responsabilidad, el esfuerzo y la motivación que se necesita para poder volver a disfrutar el camino.

No nos confundamos: no siempre es falta de sentido, a veces es falta de motivación y de un poco de creatividad, solo Dios es capaz de llenar nuestra vida desde lo más sencillo hasta lo más extraordinario.

Abraham Cañedo

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