Confinadas para siempre

La palabra “Confinamiento” se ha puesto de moda con la pandemia. Era una palabra desconocida para nosotros, ni la habíamos escuchado ni usado frecuentemente. Ya la hemos incluido en nuestro vocabulario y nos sugiere encierro, reclusión, control….obligatorio. Pero cerca de nosotros, en nuestras ciudades, hay personas que viven ese “confinamiento” voluntariamente y para siempre, en silencio y oración.

¡No me lo puedo creer! ¿En serio?

¡Sí! Y están en muchas ciudades del mundo. En concreto, quiero referirme a las hermanas Agustinas Recoletas de Pamplona. Viven su clausura entregadas totalmente a Dios y ayudan, con su oración y mortificación, a la vida de la Iglesia y al pueblo de Dios en sus necesidades.

El convento, una joya del s. XVII, está situado en el centro de la ciudad y desde el año 2002 es considerado bien de interés cultural y patrimonio histórico de España.

Sus palabras, refiriéndose a la situación actual que estamos padeciendo, merecen ser escuchadas.

Nos afecta el saber y pensar que tantas personas sufren por ello y sus consecuencias en lo social, moral, familiar, religioso, económico…..en muchas cosas vitales. O sea, no nos afecta pero lo sufrimos.

Muchas veces nos preguntamos ¿qué querrá Dios decirnos con esto? ¿Qué querrá que aprenda toda la humanidad? Pero enseguida viene a la mente lo que recitamos en un salmo: ¿quién puede sondear la mente del Señor? y ¿quién fue su consejero?…

Para mí es algo que hay que respetar y esperar humildemente, rezando y suplicando, pues el tiempo habla. Yo no me atrevo a augurar nada ni a suponer nada. Eso sí, el Señor habla siempre por otros medios y sabemos que quiere que nos centremos más en Él, que nos despeguemos de tantas seguridades y necesidades superfluas que nos hemos creado. Que respetemos su ley, empezando por la de la naturaleza.

A lo mejor quiere que volvamos a mayor sencillez en el ser y en el pensar y a mayor austeridad en el vivir. Eso lo sabemos porque Él habla por otros medios, que acaso y sobre todo a nivel general, están olvidados. Cristo es su Palabra, que no tiene otra, y en Él lo ha dicho todo. ¡Vamos al Evangelio! y aprenderemos lo que Dios quiere decirnos, ¿no te parece? Creo que sí.

Si volvemos los ojos a la historia, vemos que antes no necesitaban tantas cosas, cosas que ahora nos hacen perder el sentido de necesidad de Dios y a posponer a Dios mismo y con esto tristemente olvidarlo. A lo mejor, bueno, seguro que quiere que vayamos desprendiéndonos, prescindiendo….Claro, los tiempos han cambiado y con ellos las personas y ya resulta una realidad irreversible, al menos humanamente. Hay mucha gente también que piensa en Dios y lo desea, pero la realidad general actual, no ayuda, al contrario, lo oscurece todo, así que casi no se piensa en estas cosas sino en estar bien situados, gozar y lograr seguridad a esos niveles incluso de superfluidad. La pandemia va en cierto modo contra eso precisamente. Despoja mucho, desinstala…al menos materialmente. Pero, como siempre, los que más lo sufren son los pobres, los que estaban justicamente instalados…

En fin, ¿quién ha medido la mente del Señor? ¿quién fue su consejero? No me atrevo a hacerlo. Ya sabemos bastante cuál es su voluntad. Emprender ese camino es lo más seguro. Ciertamente es difícil, de todos modos, entrar en la mente del Señor. Lo más que se puede adivinar es que desea que seamos más buenos, en muchas cosas, en todo…y todos.”

MARIENMA POSADAS CIRIZA