La Virgen de Fátima le fue mostrando el camino.

    Nunca me había pasado algo así. Quién iba a decirme, a mí, una chica de 19 años como cualquier otra, que iba a recibir una invitación para dar testimonio de cómo vivo yo mi Fe. ¿Qué ha visto Dios en mí?

    Me llamo Carmen, nací en una sencilla familia cristiana de un pueblo de Toledo y tengo la grandísima suerte de poder estudiar lo que me gusta en una buena universidad católica de Madrid. Este año comienzo mi segundo curso en enfermería, aunque no siempre lo tuve tan claro. Unos meses antes de ir a la universidad, me di cuenta de que Dios me ponía dos caminos a seguir totalmente diferentes y que debía tomar una de las decisiones más importantes para mi futuro.

    Lo que sí tenía claro es que lo que hiciera sería para ayudar a otras personas, para hacerles sentir mejor y lo que es más importante, para que se sientan acompañados en una dura etapa de su vida como es la enfermedad y darles a conocer a Jesús, enseñarles que no están solos y que Él siempre está con nosotros.

    La verdad, no fue una decisión fácil, pero decidí dejarlo en manos de María, especialmente de la Virgen de Fátima y me ayudó a elegir mi camino.

    Desde que era pequeña, he ido con mi familia y con otras familias a un encuentro que hacíamos cada verano en Fátima. Unos años más tarde, me animé a ir a una peregrinación con muchos jóvenes de Toledo. Fue una experiencia totalmente diferente. Allí me di cuenta de que había un montón de chicos y chicas como yo, con su propia historia, con sus dudas e ilusiones, con ganas de conocer a gente con la que compartir su Fe.

    No importaban las horas de viaje, todos los kilómetros andados, el calor que hacía, ni lo cansados que estábamos al final del día, siempre íbamos a ver a la Virgen un ratito antes de ir a dormir. Allí, ante la Virgen, todos éramos iguales y nos uníamos en Ella. Durante toda la peregrinación fue nuestra guía, la luz de nuestro camino: “A Jesús por María”.

    Era en esos momentos cuando más cerca me sentía de Ella, le contaba qué tal había ido mi día, mis preocupaciones, le daba gracias… A veces, simplemente me quedaba en silencio y escuchaba. Me di cuenta de cómo la música puede ayudarnos a rezar, de todo lo que puede transmitir. Para mí, la música es la alegría de la oración, nos une a todos. ¿No es genial?

    La Fe no solo es ver a Dios en las grandes experiencias que podemos tener de Él, sino también CONFIAR en Él, verle en las pequeñas cosas de nuestro día a día, sobre todo en esas personas que Dios nos ha puesto en el camino. Esas personas que se preocupan por ti, que te escuchan, que siempre están ahí para ayudarte, que te acercan cada día un poquito más a Dios, y lo hacen porque te quieren, por AMOR, porque “La medida del amor es amar sin medida”.

    Carmen Díaz-Marcote Martín