Experiencia de fe, Mercedes Macho Matamoros

    ¡Hola! Me llamo Merche, tengo 20 años y soy de Almendralejo, una pequeña ciudad de BadajozOs quiero contar cómo vivo yo la Fe en mi día a día, pero primero os pondré un poco en contexto!

    Yo nací en una familia muy creyente y desde bien pequeña he tenido muy automatizado el hecho de rezar e ir a misa todos los domingos. Además, hasta los 12 años estuve en un colegio de monjas en mi ciudad y por tanto siempre he tenido un contacto muy estrecho con la religión!

    Pero a medida que iba creciendo, me fui dando cuenta de que el hecho de ir a misa o rezar oraciones, lo sentía como algo obligado en mi vida; algo que hacía porque si no, mi madre me regañaría. Por ese motivo, al cambiarme de colegio con 12 años a un colegio de jesuitas, no quise meterme tan de lleno en actividades religiosas y me limitaba simplemente a ir a las misas que eran obligatorias. Pero un año después, nos dijeron que para poder hacer el famoso Camino de Santiago que organizaba el colegio todos los años y por el que siempre había disputas por la plazas, deberíamos empezar a ir con bastante frecuencia a catequesis, convivencias y retiros espirituales!

    Empecé entonces a ir a estas actividades pero porque el fin era poder hacer el camino de
    Santiago. Cuando por fin llegó, con mis 15 años, no me entusiasmaba especialmente la
    idea y de hecho me planteé renunciar a la codiciada plaza por pura pereza, pero algo, no
    sé qué exactamente, me empujó a ir!

    Desde el primer momento, no paraban de decirnos que allí “nos encontráramos con Dios”; se me hizo rarísimo escuchar eso tan a menudo, y llegue a pensar que jamás lo conseguiría. Pero al cabo de tan solo 6 días, os puedo asegurar que me encontré con Dios y desde entonces ni yo me he separado de Él, ni Él me ha soltado la mano a mí. Fue sin duda la experiencia que marcó mi vida en la Fe. Desde entonces, me apunté a todo lo posible que el colegio me ofrecía para tener experiencias de fe pero esta vez, con un sentido y una motivación totalmente diferentes!

    Pero seré sincera, pues a lo largo de mi vida en la Fe he tenido varias crisis y la más fuerte ocurrió unos meses después de este primer Camino; en el colegio empecé a bajar un poco el rendimiento, con mis amigas no tenía la misma relación y discutía más con mis padres. Acabé pasando más tiempo sola y dándole más vueltas a las cosas, llegándome a plantear si realmente Dios estaba conmigo o hacía tiempo que se había separado de mí!

    No fueron buenos tiempos pero a día de hoy, reconozco que salí muy fortalecida de la
    situación, pues aprendí a hacer examen de conciencia siempre que me encontrara en estas situaciones y así poder solventarlas de la mejor manera y salir con una Fe mucho mayor!

    Desde entonces, mi vida con Dios solo ha ido a mejor y con experiencias posteriores como voluntariados en residencias de ancianos, con enfermos en hospitales o incluso dando catequesis a niños pequeños, he podido completar esa parte tan importante que Jesús enseñó: las obras. Es verdad que tuve que madurar más para darme cuenta de que esto no va de palabras, sino de actos; actos que te llenen el alma, que los hagas de manera altruista y que entiendas que lo mejor que te puede pasar en un día es ayudar al otro, pues como decía mi gran referente en la fe, San Ignacio de Loyola: “más en las obras que en las palabras; en todo amar y servir”. Y de esta manera, conseguí algo muy especial y que me costó mucho trabajo, y fue ver a Dios en los demás; en gestos, en palabras… y sé que las personas en las que a día de hoy veo a Dios son las más especiales, pero me doy cuenta de que no solo están en mis amigos o en mis familiares, sino también en gente desconocida que ves que realiza buenas y obras y compruebas que Dios realmente está en todas partes!

    Así vivo mi fe a día de hoy, recordando que cada día es una nueva oportunidad para enseñar con tu ejemplo lo que realmente significa ser cristiano. Y hacerlo sin ningún tipo de miedo, pues a mí antes me daba vergüenza reconocer que era muy creyente y que la religión formaba un pilar muy importante en mi vida, pero a día de hoy, siempre que lo digo, sea a quien sea, solamente puedo sentirme más fuerte!

    Actualmente resido en Madrid y es cierto que no estar en un colegio jesuita me ha condicionado bastante, pero hasta ahora, vivo en un colegio mayor donde los valores son muy parecidos; yo asisto a un taller de oración todas las semanas, que me ayuda mucho a hacer una parada y a analizar mi semana y mis vivencias, voy a misa todos los domingos porque siento que lo necesito y que voy a llevarme para casa un aprendizaje y una tarea: hacer lo que Jesús decía y practicaba con sus obras. Y también considero muy importante en mi día a día un pequeño examen de conciencia por las noches, pues así le cuento a Dios cómo estoy actualmente, por quién y por qué quiero rezar, o por qué estoy preocupada y me gustaría pedir fuerzas y también perdón; Él siempre me ayuda y si no lo siento así, es porque Él tendrá otros planes preparados para mí o porque quiere que saque aprendizaje de alguna experiencia vivida. Pero sobre todo, doy las gracias por la vida que Él me ha regalado, pues aunque no todos los días sean buenos, siempre se puede encontrar un motivo para ver que somos unos afortunados y tengo claro que agradecerlo es el mejor de los caminos para darle sentido a nuestra vida. Es por esto, que yo no siento la fe como algo excepcional; siento que es algo que tengo muy arraigado en mi día a día y que a pesar de que me relacione con gente con otras ideas y otras opiniones acerca de la religión, tengo una fortaleza interior que no va a cambiar pase lo que pase, pues para mí apoyarme en mi fe siempre será una solución a mis problemas, y la mejor forma de vivir.

    Merche Macho Matamoros