Testimonio de Fe de Sira Rodríguez

    Hola, me llamo Sira, tengo 19 años, vivo en Sevilla y os vengo a contar mi experiencia de fe:

    Nací en el seno de una familia cristiana junto a mis hermanos (soy la tercera de 11). Mis padres siempre nos han educado en la fe y cuando cumplimos los 13 o 14 años entramos en el Camino Neocatecumenal a través de unas catequesis.

    No siempre viví en Sevilla, hasta los 15 años mi familia y yo estuvimos en Tomelloso (un pueblo de Castilla-la Mancha). Allí mi vida era muy normal, la de cualquier chica que tiene un grupo de amigas, hace deporte y saca buenas notas en el colegio. Vamos, que allí realmente estaba muy cómoda…

    A pesar de esto, en Tomelloso no había Camino Neocatecumenal, teníamos que ir a un pueblo a unos 30 km llamado Alcázar de San Juan, donde el camino… no es que estuviese muy vivo. Solo había una parroquia con tres comunidades poco numerosas y sin apenas jóvenes. Esto hizo que mis padres, que son de Sevilla, decidieran regresar para que nuestra vida de fe fuese mucho más gratificante e importante en nuestras vidas.

    Pese a la buena intención de mis padres, lo cierto es que este cambio no fue muy positivo para mí al principio. Me vi sola en un instituto en el que no encajaba, en el que la gente no respetaba mis valores y creencias y donde se me llegó a insultar y “marginar” por ello. Yo no encontraba el sentido de todo lo que me estaba ocurriendo y cada día era un infierno para mí, ¿Por qué había tenido que mudarme si yo era feliz en Tomelloso?

    Fue realmente en esta época, cuando peor lo estaba pasando, cuando no entendía nada, en la que me veía más sola que nunca… En ese momento, sentí a Dios. Nunca lo había experimentado. De hecho, si me hubiesen preguntado antes qué experiencia de fe tenía, hubiese respondido cualquier historieta que me contaban mis padres en la que se habían apoyado en Dios y habían salido ganando.

    Sin embargo, gracias a la comunidad con la que caminaba en San Roque, pude apoyarme en Dios y entender, que todo el mundo tiene un sufrimiento, menor o mayor, y que, gracias a él, somos capaces de conocer realmente a Dios. ¿Qué irónico no? Vi también que los jóvenes que no creían en Dios, cuando tenían cualquier tipo sufrimiento, intentaban evadirse de “botellonas”, con los afectos, fiestas de todo tipo… Pero luego, en sus casas, estaban tristes y deprimidos. Esto hizo darme cuenta de la gran suerte que tenía, yo había vivido una mala época y sin embargo, era feliz porque sabía que todo lo que estaba pasando tenía un sentido y un objetivo: crecer en la fe.

    Ahora estoy en la universidad, estudio economía y tengo la suerte de haber conocido unas chicas maravillosas, que me aceptan y me quieren tal y como soy. Tengo una familia enorme, tengo unos hermanos que, aunque son un poco revoltosos y tenga que dejar de salir con mis amigas por cuidarlos, tienen el don de alegrarme los días en los que estoy más agobiada o triste. Tengo un novio que me ha ayudado a crecer en la fe como yo nunca me hubiese imaginado. Tengo una comunidad que sostiene mi fe, si algún día voy con cualquier tipo de duda existencial, o tengo una época de relación más “floja” con Dios, sus testimonios y experiencias hacen que me reenganche.

    En esta sociedad, cada vez más encontramos todo tipo de actos, personas o mentalidades que atacan al cristianismo, modas individualistas… Esto hace que sea más difícil ser cristiano, tener fe, ir a contracorriente. Sin embargo, animo a todos los jóvenes que crean en Dios a ser fuertes, a no tener miedo, a apoyarse en la cruz… Al fin y al cabo, yo no cambiaría todo lo malo que me ha pasado por nada del mundo. Gracias a eso, soy feliz.

    Sira Rodríguez