Cada día es una excursión hacia Jesús

    “Aprovecho las ocasiones que se presentan cada día para realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria” dijo el cardenal Van Thuân desde su celda del campo de concentración. Entonces yo me pregunto ¿Cómo puedo vivir bien la fe en mi día a día? Pues, en efecto, la respuesta está en hacer lo ordinario de manera extraordinaria, y si
    Van Thuân fue capaz de realizarlo en una celda sin nada…¡nosotros también podemos!

    Desde pequeña me han transmitido la fe cristiana, tanto en casa como en el colegio, y
    siempre me había dirigido a Jesús durante el día con ilusión, especialmente de pequeña, con esa alegría de quien tiene un tesoro, un amigo que le ama. Pero a lo largo de los años, a medida que nos vamos haciendo mayores, adolescentes, podemos llegar a monotonizar la oración, dejar que sea invadida por la rutina del día a día, rezar porque es lo que toca por las mañanas…

    Sin embargo, el Señor es tan bueno y misericordioso que no quiso dejar que esa niña
    pequeñita se alejara de Él. No hace falta un milagro divino, sino que en lo ordinario el
    Señor nos llama a volver a Él.

    Si miramos atrás y hacemos el esfuerzo, podremos ver que las cosas no son mera coincidencia, sino que detrás está la mano de Dios moviendo las piezas a nuestro favor, y porque nos ama, nos hace despertar de ese sueño tan rutinario, nos da un aviso, para que nos demos cuenta de que Él está a nuestro lado a todas horas, y que quiere que le hablemos desde el corazón y no sólo repitamos las oraciones de cada día. Y si esa llamada no la oímos, pues manda otra, y otra, y otra… ¡no se cansa!

    A mí me costaron dos avisos de esos, los dos de lo más ordinarios, nada de apariciones ni milagros, sino que con situaciones del día a día me di cuenta de que Jesús me quería ahí a su lado y que, para llegar a conocerlo a fondo como a un verdadero amigo, no bastaba con sólo repetir oraciones o ir a misa. ¡Quería despertar y salir a vivir la vida Cristiana a pleno! ¿Cómo? Pues llenando cada momento con amor, dedicándole un rato del día exclusivamente al Señor; me preguntaron ”De 164 horas que hay en una semana, ¿Cuántas le dedicas tú a Dios, a parte de una hora de misa?”. Y así caí en la cuenta de que tenía que reservar un rato de mi día para el Señor, para hablar con Él, no solo pedirle cosas sino dar gracias, contarle preocupaciones, propósitos…

    Y durante el día, las cosas dan un verdadero giro cuando las hacemos con amor: cuando uno se propone hacer un buen estudio por ese familiar que está enfermo, el estudio se vuelve valiosísimo; cuando nos paramos y simplemente escuchamos a esa persona que necesita desahogarse, aunque nos apetezca más estar en otra parte, no sólo escuchamos, sino que amamos a esa persona y somos su apoyo durante ese rato; cuando te paras 5 minutos y agradeces al Señor ese momento tan bonito que acabas de pasar, Él sonríe, porque ve que estás haciendo acciones de lo más ordinarias como son estudiar y escuchar, pero las haces con amor, las haces de forma extraordinaria.

    Y ese es mi objetivo, seguir con el día a día, pero intentando poner amor en cada momento. No es fácil, y muchas veces me equivoco y caigo, porque el camino de cada
    día no es liso y llano, es más bien pedregoso y empinado. Por eso, lo importante es levantarse y reparar, volver a intentarlo de nuevo y recargar pilas para seguir la travesía.

    Realmente, al darme cuenta de que Jesús está siempre a nuestro lado, ayudándonos y
    enseñándonos a cargar cada uno con su pequeña cruz, me anima a querer también yo
    permanecer a su lado, con ese mismo entusiasmo de quien posee un tesoro, de quien
    tiene un amigo que le ama, y a confiar que quiere lo mejor para mí, y que cada esfuerzo, por muy pequeño que sea, es importantísimo, porque forma parte del camino hacia la cima, hacia a Él.

    Inés Stokes Santo