¿Cómo vivo la Fe? Testimonio de Félix López

    Debo comenzar estas líneas diciendo que la Fe se encuentra en cada oración, cada pensamiento en Cristo y su bendita Madre, cada vez que acudimos a la Sagrada Eucaristía
    y en cada instante de nuestras vidas en que visitamos el Sagrario.

    El periplo de la Fe comenzó desde el momento en que recibí el Sacramento del Bautismo,
    hace ya dos lustros, y desde ese hito no he dejado de practicarla en cada momento. Recuerdo las misas preparatorias para la Primera Comunión como algo nuevo en mi
    existencia, pues reconozco que no tenía la costumbre de asistir semanalmente a la Santa
    Misa Dominical. Fue entonces cuando en ese momento el el chip mental cambió por completo y verdaderamente sentía la necesidad de acudir a la Palabra del Señor cada
    semana.

    Siempre he dicho que, en esta tarea de convivir en la Fe de Cristo, no sería posible sin la
    infinita bondad y amor que nos da la Santa Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra.
    Es Ella la que nos da ese amor y cariño del que todos precisamos, no solo para vivir la Fe
    de Cristo, si no para el día a día, es el motor espiritual que nos da la fuerza para enfrentarnos a nosotros mismos. Ella es valedora de todos nosotros, que nos ayuda y nos
    refuerza en cada oración, en cada rezo del Santo Rosario, a ser más fuertes en la Fe.

    A veces me pregunto, cómo puedo seguir teniendo Fe en algo que nunca he visto pero que llevo ejerciendo desde hace mucho tiempo. Y es que no hay testimonio de la Fe más verdadero que visitar el lugar de la parroquia que, sin lugar a dudas, es donde reside las
    respuestas a todas las preguntas, el origen de la vida, la razón de ser y de vivir con Cristo,
    pues me refiero al Sagrario. A Él acudimos cuando más lo necesitamos, cuando queremos
    tener la compañía de Dios o simplemente pasar un rato con Él y saber que nos escucha.

    Particularmente, en mi parroquia, la capilla del Sagrario, la preside la bendita imagen de
    Nuestra Señora de Valme, y aunque lo primero que hago en arrodillarme ante el Sagrario,
    la mirada se torna hacia el rostro de la Madre de Dios y en ella sigo viendo ese valimiento
    que nos falta para seguir viviendo la Fe y seguir mostrándole al Señor, que lo necesitamos,
    que precisamos de Él y tener la tranquilidad de que siempre estará con nosotros en cualquier circunstancia de nuestra vidas.

    Félix López Varela