¿Quién eres Tú, Señor? y ¿Quién soy yo?

    Mi nombre es Silvina Leiva, y les comparto que nací en la provincia de Mendoza en Argentina. Dios en su infinito amor, me llamó a vivir mi vocación religiosa como Hna. de Ntra. Sra. De la Compasión, y dije: “Sí”.

    Crecí en el seno de una familia obrera y creyente, y en ese contexto, es donde mi fe fue creciendo poco a poco. Mis padres desde su sencillez, me fueron enseñando los valores cristianos, y esas palabras cobraban vida en la cotidianidad de la familia, con los vecinos, en sus trabajos.

    Mi familia en muchos momentos, fue como esa Betania, que acogía a Jesús cansado del camino, y compartía con él la amistad, la alegría, los sueños, las esperanzas y el sufrimiento. En mi familia se acogía a todos, muchos de nuestros amigos venían sin avisar, buscando un lugar donde charlar, llorar, reír, y sentir el abrazo incondicional. Tanto mi padre como mi madre, se hacían padres adoptivos de muchos y los aconsejaban para que pudieran descubrir “Lo Mejor de cada uno” y de esta manera, avanzar en la Vida.

    La parroquia a la que pertenecía era acompañada por sacerdotes Oblatos de María Inmaculada, con un fuerte carisma misionero y juvenil. Ellos solían organizar retiros, talleres y misiones barriales, como así también en otras provincias para jóvenes. Toda esa vida misionera, fue marcando mi vida como creyente y ciudadana.

    Cuando tenía 17 años participe de un retiro para jóvenes, que organizaba el Movimiento Juvenil de Peregrinos en Mendoza, y este espacio de comunidad, misión y compromiso social terminaron de confirmar mi vocación a la vida consagrada. A partir de ese momento, comencé un acompañamiento espiritual con un sacerdote que me fue orientado, ayudando en mi vida de oración y pastoral y por supuesto, mi familia caminó a mi lado en todo momento.

    A los 21 años, un 30 de mayo de 1999, ingrese en el Aspirantado de las Hnas. de Ntra. Sra. De la Compasión y desde entonces experimento que vivo, una de las historias más bonitas de amor.

    Nuestro Fundador Mauricio Garrigou, nos dejó como regla de vida, “tener a Jesucristo como modelo y al evangelio como regla”, por ello las piezas claves en esta hermosa aventura Compasionista, son la oración, la eucaristía, la vida comunitaria y la misión común. Todo ello, me ayuda en mi vida consagrada para descubrir el amor de Jesús vivo y presente en la historia, en esa historia sagrada de cada persona.

    Cuando ingresé en la congregación era una persona muy tímida, a la que le costaba hablar en público y no era capaz de mirar a las personas a la cara. Y Jesús, a través de la vida comunitaria y la misión común, me fue mostrando mi verdadera identidad, y me animó a “No Enterrar” los dones que él había puesto en mí.

    He tenido la dicha de ser enviada a distintos países, y cada uno de ellos, me ha mostrado distintos “Rasgos del rostro de Jesús”. Cada lugar, sociedad, cultura, religión me ha mostrado el gran amor de Dios y me ha ensanchado el corazón. No voy a negar, que esta gran diversidad de la humanidad, me ha desestabilizado por momentos en sus formas. Pero, a la vez, me ha permitido tirar muros que no daban vida en mí, ni en los demás.

    Mi familia religiosa ha favorecido que tenga una formación profesional y religiosa, y la verdad que todo ello me ha ayudado mucho en la misión de la congregación, sin embargo, la mejor universidad que voy transitando, es la de la calle, la de la cotidianidad, con su gente sencilla, que me enseña con su testimonio, con sus palabras, sus preguntas…del amor a Dios incondicional hacia sus hijos.

    Actualmente vivo y trabajo en Buenos Aires-Argentina, y también colaboro en distintos espacios en mi familia consagrada. Y descubro que cada persona, cada realidad me conecta con el evangelio de Jesús. Toda esa vida compartida, con sus dolores y alegrías me enseñan a vivir el carisma de Compasión y a ser Hermana.

    El Seguimiento de Jesús, me va permitiendo descubrir ¿Quién Soy?, y me va regalado la hermosa posibilidad de experimentar la “Verdadera Libertad”, esa que nos plenifica como persona, y que nos reconcilia con nuestra historia y con los demás. Seguir a Jesús es vivir en una profunda relación de amor, que me anima a “descubrirlo en todo y en todos” … y que me sigue invitando a construir su Reino de Amor, donde quiera que esté.

    Terminaré mi compartir citando una gran frase de Juana María Desclaux (co- fundadora de la congregación) que también me sostiene en el camino: “Tengan un Corazón Grande y todo lo que hagan por Dios será grande”.

    Hna. Silvina Leiva

    Religiosa de Ntra. Sra. De la Compasión