Invertir en mí mismo me lleva a los demás

Cuando estaba pequeño no entendía muchas de las situaciones de mi vida, como cualquier otro niño, pero había una en especial: mi papa a mi hermano y a mí nos inscribía en cada curso con el que se encontraba, en especial en los veranos, recuerdo que mi hermano y yo muchas veces nos molestaba, pues como cualquier otro niño queríamos dormir tarde o despertarse con la esperanza de poder jugar en el patio de nuestra casa, pero gran parte de los veranos los pasamos entre cursos de guitarra, deporte o incluso actuación. Hoy entiendo a mi padre, y no solo lo entiendo, sino que le agradezco que invirtió en nuestro futuro, en ayudarnos a encontrar a cada uno nuestra pasión y descubrir nuestro potencial.

Esto en algunos momentos de nuestra vida se pierde o se nos olvida: el hecho de invertir en nosotros, así sea tiempo, dinero, momentos, situaciones especiales, a veces nos enfocamos tanto en el bienestar de las demás personas que llegamos a olvidarnos completamente de nosotros mismos, yo puedo decirte a ti quien lees esto, que lo más hermoso es poder servir al otro, pero primero hay que amarse, conocerse y, ¿por qué no?, consentirse a uno mismo para así aprender a servir, amar, conocer e incluso consentir al otro. Invertir en cosas tan sencillas como una caminata o un helado como aspectos muy profundos como encontrar aquel curso que me formara o solicitar ayuda en aquellos aspectos en los cuales necesito enfocarme para mejorar. Conforme estemos mejor con nosotros podremos ofrecer una mejor versión de nosotros a los demás, aquí es donde se debe encontrar, el balance.

El mejor ejemplo que tenemos de esta situación es Jesucristo, que siempre antes de estar con los demás, se encontraba con su Padre en la oración, y no solamente con Él, sino que en la oración encontraba su verdad, y conociéndose a sí mismo, estando consciente de ser El hijo de Dios, podía darse de la mejor manera a los demás, y ¡vaya que se daba!, tantos milagros, tantas palabras, tantas miradas y tantos gestos.

Tu y yo estamos llamados también a esto: invertir en nosotros para poder invertir en el otro, sé que suena extraño la terminología que uso, pero veamos esta fórmula como una clave para poder alcanzar la Santidad: ¡llegar al cielo y poder llevarnos a cuantos podamos con nosotros!

-Abraham Cañedo