Vivir viviendo

¿Eres feliz?

Esta pregunta me la hizo un amigo hace unos años y no supe qué decir, ¿qué tipo de pregunta era esa?

Soy Natalia Caño, tengo 20 años y estudio Magisterio y Psicología en la Universidad Villanueva (Madrid). Me preguntaron si podía escribir una colaboración para Jóvenes Católicos sobre cómo vivo la fe, ¡por supuesto dije que encantada!

Soy la mayor de seis hermanos y mi forma de vivir la fe no es precisamente algo extraordinario, siempre he recibido formación cristiana, en casa, en el colegio, Opus Dei… Sin embargo, al tenerlo todo tan fácil, podemos caer en la rutina, y yo, personalmente, no lo valoraba, estaba muy acostumbrada a todo eso.

Tenía sed, quería sentir a Dios como un amigo mucho más cercano. Siempre le había contado mis cosas, siempre le había pedido muchas otras, pero pocas veces le había preguntado, ¿y Tú, que tal? ¿Qué puedo hacer yo por Ti? Estaba centrada en hablar y nunca en escuchar.

Al empezar la universidad, varios amigos me hablaron de Hakuna, lo que me empezó a llamar la atención. Noté un gran cambio en una amiga mía, al verla feliz y con ganas de darse y de poner a Dios en medio de todo, pensé “no sé qué será eso, pero lo quiero”.

Tampoco tenía mucha necesidad de formación, o eso pensaba. La teoría me la sabía y la práctica tampoco la llevaba tan mal… pero empecé a querer y buscar más, y me fui dando cuenta de que no tenía mucho más misterio, era darse, darse, y darse. ¡Vivir VIVIENDO!

Él era el misterio de todo esto.

A Dios no hay que entenderle, hay que quererle”. Esta frase, me hizo reflexionar bastante, empecé a dejar de querer controlarlo todo y a dejarle más a Él que actúe. Nuestra vida es como un coche y Dios es Google Maps, si te pierdes, recalcula ruta. Por supuesto esto no es tarea fácil, muchas veces cuesta tener a Dios presente en cada momento, a mí me gusta imaginarme como actuaría Jesús si fuera yo.

La Virgen siempre ha sido mi mayor ejemplo y siempre la he tenido muy presente, “Madre mía, enséñame a mirar como tú miras, a ver cómo tú ves y a amar como tú amas, con tus ojos, con tu mirada, con tu corazón”.

Pues en eso consiste, así vivo yo la fe. Llevando la Vida a mi vida y a la vida de todos los de mi alrededor. La fe es un don que hay que pedir mucho y dar gracias por tenerlo, pero hay que cuidarlo y alimentarlo cada día para que crezca.

¿La clave? Darse. Cambiar el “tener que” por el “querer”. Tomarse la vida con humor, reírse de la vida, estar al 100%, hacer las cosas Con Toda El Alma, cambiar la queja por una sonrisa, poner nuestro “mejor yo”, aunque cueste.

Estad alegres, vivir con alegre cara de resucitados”.

No soy ninguna experta, pero ¡la vida mola más con gente que sonríe! Si hay una virtud que debería caracterizar a los cristianos es la alegría, la alegría de vivir y sabernos hijos de Dios.