Resistir: una vida de altas y bajas

Con frecuencia, nos empeñamos en ver el sufrimiento como algo totalmente negativo, con esto no digo que no sea así, pero no podemos absolutizar esto, nuestra sociedad muchas de las ocasiones nos hacen creer que entre más escapemos del sufrimiento, seremos más felices, tendremos más placer en nuestra vida cotidiana, y lamentablemente, no es así.

Una sociedad no se puede sostener por solo placer o “felicidad”, lo pongo entre comillas porque la felicidad que encontramos en este contexto muchas veces es momentánea. Lo importante aquí y lo que debemos caer en cuenta es que Dios si quiere que seamos felices, pero no de la forma en que a veces creemos esto: una felicidad exenta de dificultades, sufrimiento o complicaciones.

Hay que darnos cuenta que la vida es un paquete en el cual está lleno de matices: y el sufrimiento viene también incluido, hay días buenos y días malos, hay situaciones complicadas que nos llevan tiempo para resolver y hay otras situaciones más sencillas, hay momentos en los que nos duele el estómago por haber reído a carcajadas y hay otros momentos en los que no podemos dejar de llorar. Eso es lo hermoso: ¿Qué sentido tendría una vida lineal, sin altas y sin bajas, sin emociones profundas?

El sufrimiento para alcanzar una meta no debe de significar un signo para abandonar aquello que queremos, al contrario, debemos utilizar esto como trampolín y como fuerza de empuje hacia aquello que queremos lograr, no debemos permitirnos renunciar a aquello que amamos o que nos apasiona por algunos momentos de dificultad.

A veces, las situaciones en donde más experimentamos sufrimiento es en donde más encontramos la respuesta y las luces a cuestiones que nos han abordado por mucho tiempo. Ante una cultura del descarte donde todo es desechable, incluso los propios sueños, no debemos permitir esto. Luchar por aquello que amamos y hace un bien a mí y a los demás, siguiendo el ejemplo de Cristo.

-Abraham Cañedo.