«Los fuegos de otoño». Irene Némirovsky

Las guerras. Una novela que transcurre en las dos guerras mundiales es necesario que tenga un tinte trágico. Es inevitable. Pero, además, como para ahondar en la maldad que recorre cualquier conflicto, surgen personajes malvados. Ese tipo de personas que se enriquecen con el mal ajeno, sin llamar la atención más que por su nivel de vida. No parece que estén haciendo nada malo, pero son malvados. Quizá ésta es la vertiente más relevante en esta historia.

De las guerras, Nemirovsky sabe bastante. Las vivió las dos, aunque terminó su vida en la última de ellas, como persona non grata debido a su ascendencia judía. Quizá esa ascendencia, que siempre influye en la vida, es la que le sirve para conocer a muchos ricos, muchos listillos que saben aprovecharse, a costa de los demás, en negocios turbios. Esta problemática que se ha dado siempre, pero es especialmente repugnante cuando todos sufren, es el tema, podríamos decir, junto con una historia de amor muy difícil precisamente por el afán de lucro.

Quien leyó Suite francesa, verá, en esta, algunos reflejos, no solo en la calidad, incuestionable, sino en la temática.

Reseña publicada por Ángel Cabrero Ugarte en Club del lector