Es tiempo de comunión

Es tiempo para mirar lo invisible y preocuparse lo que nos puede venir encima sin llamar a la puerta. No hace falta hablar, ni explicar a nadie qué estamos viviendo. La tensión se palpa y la preocupación es permanente. A pesar de que las calles se relajan y los contactos (en mi entorno, al menos) desean volver a lo que se ha puesto en cuarentena.

Nuestra distancia física es salvífica. Siempre fue así. Tomar distancia está en la base del reconocimiento y respeto de todo lo que no somos nosotros mismos, muy especialmente el otro. Estar viviendo continuamente la diferencia es el mejor antídoto contra cualquier forma de indiferencia. Perdonad el símil sanitario, en tiempos de pocas bromas al respecto.

Creo que estamos en tiempos fuertes para la comunión. Entre los despiertos, entre los que abandonan sus ensoñaciones. Entre los capaces de salir de dónde están sin más, encadenados o no, pero pacientes acomodados, que buscan la luz. Alguien despierto es alguien inquieto. Alguien liberado, lleva consigo las marcas de su esclavitud. Sabiduría es vivir, siempre vivir (nada ligero, nunca “light”, mucha condensación sin ahorrar ingredientes en ella) sin ser poseedores de la Vida, permanentemente conectados a lo Expectante, interrogados por la Novedad del día a día, queriendo ir más allá, incapaces de dirigir lo ingobernable.

Pese a todo, la mayor riqueza es la cercanía. Pase lo que pase, la comunión, el vínculo estrecho, el amor con el otro. Lugar en el que refugiarse y sentirse seguro, con la tentación de no seguir adelante, hacia algo más, negarse al resto.

El Evangelio es escuela de Vida, no de eruditos sectarios. Los últimos serán los primeros. Lo encarnan de primera mano quienes, en ocasiones al menos, creen estar muy lejos. Se carga como responsabilidad llevadera desde el saberse amado por quien entregó la misión.

Estamos en tiempos de comunión, de mucha comunión y necesidad de prójimo. Estamos en búsqueda de alguien cercano, de grupo pequeño, de atención y seguimiento muy cercano.

¿Dónde ponemos el corazón?

José Fernando Juan (@josefer_juan)