Un Getsemaní, causado por el covid, tras los muros de un convento

Recoge la Diócesis de Ávila la dura situación que ha vivido el convento de las Madres Adoratrices de la capital, cuando el Covid-19 se hizo presente en su casa.

“El virus se introdujo silenciosamente en nuestras vidas. Nuestra habitación fue como un sagrario, se oraba, se adoraba, y se asumía en silencio y soledad lo nuevo de cada día”, nos cuenta la superiora del convento, la Madre Antonia Novoa.

“Empezaron a enfermar una tras otra. Y a fallecer. Una tras otra. Algunas murieron en el convento. Era tremendo». Enfermaron monjas y trabajadores y pusieron todo el convento en aislamiento.

“En medio de todo esto, nunca dejamos de agarrarnos a la fe, con la confianza de que el Señor estaba dentro de nuestras habitaciones dándonos su fuerza y ayuda. La Palabra de Dios, la Liturgia de la Horas, la Misa, el Rosario, daban fortaleza a nuestro cansancio, pero nos faltaba vigor, al ver qué pasaba una semana y otra, un mes y otro”, explica la Superiora. “Nunca olvidaremos la Semana de Santa, nos dejaron cinco hermanas, días de pasión muerte y cruz. ¡Cuántos Getsemaní escondidos en el mundo durante esta pandemia!, nuestra fe está siendo duramente azotada”.

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