«Trilogía de Candleford». Flora Thompson

Novela tradicional sobre la vida rural a finales del siglo XIX en la Inglaterra victoriana. En conjunto, se trata de tres libros publicados por primera vez entre 1938 y 1945, y que en esta ocasión se editan en un solo tomo. Desde el punto de vista narrativo, la trama se desarrolla a lo largo de las dos últimas décadas del XIX y está ambientada en la zona de Oxfordshire y sus alrededores, pueblo en el que había nacido la autora en 1876. En ella, Flora Thompson, de forma autobiográfica, recurre a experiencias de su vida para  narrar la infancia y la juventud de la protagonista, la joven Laura. Así, la autora compone una exaltación de la vida rural, tranquila y apacible, una visión bucólica de una nueva Arcadia, en la que reina la vida sana, la sencillez y la paz en comunión con la naturaleza, aunque no exenta de privaciones y problemas. Estas novelas, que fueron escritas durante el terrible conflicto de la Segunda Guerra Mundial, se pueden considerar una mirada nostálgica sobre un tiempo añorado, quizá una evocación idílica para huir de la cruda realidad circundante.

Por otra parte, como ya se ha dicho, la novela comienza en la década de 1880, una época de transición hacia la era de la industrialización con nuevos descubrimientos científicos y médicos. Sin embargo, la vieja civilización rural seguía perviviendo al mismo tiempo que se desarrollaba  este momento de convulsión y progreso: “Un niño pensaría que las cosas siempre habían sido así”. La autora habla con preciosismo de la vida rural, de la belleza del paisaje, del terruño, con un gran cariño. Las descripciones son largas y maravillosas llenas de detalles de todo tipo: las casitas de la gente pobre, sencillas pero limpias; la comida sana, con las verduras del huerto y la matanza del cerdo; las ropas de diario y de domingo, donde la moda de las ciudades siempre llega con mucho retraso. Una descripción minuciosa de los lugares y de sus gentes que no flaquean ante el dolor y la miseria, porque para ellos “la pobreza no era una desgracia, sino un inconveniente”.

Aunque la novela, siguiendo el punto de vista tradicional, está narrada en tercera persona omnisciente, en muchas ocasiones la trama está focalizada desde la perspectiva de la protagonista Laura que evoca sus años de juventud, en la que se refleja la autora y se representa toda una época con ternura y nostalgia: los juegos de niños, las baladas, los poemas, las canciones, costumbres y tradiciones que deben pervivir. Inspirada en los grandes clásicos ingleses (Shakespeare, Dickens, Austen), la autora autodidacta ha creado su propio estilo, sencillo y elegante, en una obra de lectura apacible para recordar el tiempo pasado.

Reseña de Ana María Díaz Barranco para Club del lector