Tiempo: ¿Preso o aliado?

Al día de hoy no podemos negar que el ritmo de vida que existe en las grandes ciudades es un ritmo que se caracteriza por ser presuroso: no se detiene por nada ni por nadie, sigue avanzando siempre y si te retrasas un poco sientes que ya estas “fuera de tiempo” y entre más atrás te quedes pareciera que es más difícil estar a tope, al ritmo de todos, pareciera…

Esto ya no es exclusivo de las grandes ciudades, hoy en día el ritmo de vida es muy acelerado en la mayoría de los rincones del mundo, y tienes que aprender a cumplir con todo: asistir a la universidad, cumplir con nuestro trabajo, las ocupaciones de aquellos que ya son profesionales, los padres de hijos jóvenes que al mismo tiempo tienen que tener tiempo para ellos y para sus ocupaciones diarias, las mamas solteras, los jóvenes que estudian y trabajan al mismo tiempo, en fin, creo que no terminaría de enumerar distintas ocupaciones que nos mantienen en este ritmo que anteriormente ya he mencionado, pero podemos concluir algo: somos víctimas de vivir a prisa, de la urgencia, del hacer todo rápido.

Pero sería bueno preguntarnos ¿Qué estamos sacrificando al ir siempre al ritmo que nos marca la ciudad, la sociedad, nuestro trabajo, nuestra universidad? Si bien, hay que estar conscientes que lo que hacemos son cosas y tareas importantes, corremos el riesgo de olvidarnos de nosotros mismos, y de olvidar que es lo que nos apasiona, incluso de olvidar nuestra propia identidad sería bueno pensar: ¿Dónde queda el tiempo para hacer aquello que tanto disfruto?

Y no hablo solo de mis hobbies o de un juego de fútbol, leer mis libros favoritos o hacer cualquier tipo de deporte, hablo de todo aquello que nos pueda llegar a recordar que a veces es sumamente necesario hacer un alto en nuestra vida y que es demasiado importante aunque no parezca: un café con un buen amigo acompañado de una gran charla, escuchar a tu papá o a tu mamá hablar de aquello que tanto les gusta contar, tener tiempo de calidad con mis hermanos, incluso el poder estar más tiempo con el mismo Cristo.

Creo que una gran consecuencia de esta “modernidad siempre a prisa” es el hecho de que no nos detenemos a reflexionar acerca de lo que estamos haciendo y hacia donde nos está llevando esto, pensamos en el producir, en el futuro pero no nos detenemos a pensar si eso es realmente la voluntad de Dios, en pocas palabras creo que nos hemos enfocado en el hacer y no en el ser, el tiempo no nos debe determinar, nosotros debemos ser astutos y usar el tiempo a nuestro favor, preguntarnos si este estilo de vida me afecta más de lo que me beneficia, y de vez en cuando, salir de la rutina y dejar que el tiempo corra mientras hacemos aquello que tanto amamos.

No seamos presos de nuestro tiempo, hay que transformarlo en nuestro aliado y grandes reflexiones, conclusiones y grandes frutos saldrán de hacer de vez en cuando una gran pausa para pensar, en especial en nuestra vida, hay que tener esperanza y confiar que los tiempos de Dios son perfectos.

Abraham Cañedo