Publica el Boletín Salesiano un artículo sobre el aborto del que extraigo algunos párrafos para que reflexionemos sobre este importante tema.

Se llama aborto; pero las instituciones abortistas, en su hipocresía, usan nombres menos impresionantes: lo llaman “interrupción voluntaria del embarazo”, lo llaman “derechos sexuales y reproductivos de la mujer”. ¿Derechos? ¿Es que hay derecho a matar a un ser humano inocente, a matar a su propio hijo?

Cuando un Estado cede a presiones internacionales y despenaliza el aborto, los grupos abortistas en su hipocresía presentan la nueva normativa como un progreso, una conquista de la libertad. ¿Por qué llamarlo “progreso” y no recaída en la barbarie? ¿Por qué llamarlo “libertad” y no esclavitud de las pasiones?

En una relación sexual que desemboca en un embarazo, entran tres personas: el hombre, la mujer y el bebé en formación. De no querer al nuevo ser, ¿por qué tiene éste que pagar las consecuencias (el más inocente) y no el hombre (quizás pasional y violento) o la mujer (quizás permisiva y floja)?

El auténtico cristiano no puede guiarse, en su actuar, por lo que mandan o prohíben las leyes del país, ni por lo que dicen los demás, sino por su conciencia profunda, sincera, bien formada.

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