Quiero hacerlo…¡TODO!

El inicio de curso suele ser frenético porque buscamos cómo ocupar el tiempo, cómo entregar cada hora de nuestro día para no perderlo y quizá también para sentirnos productivos, útiles, aprovechados. Es lo más normal y, quizá también, necesario; no obstante, es importante recordar el principio y fundamento de nuestra vida, para qué y por qué hacemos todo lo que hacemos. 

Antes de ocuparte todo el tiempo con muchas actividades, piensa por qué quieres hacerlas y plantéate si tienes miedo al tiempo libre, miedo al silencio… miedo a cualquier actividad pausada, quizá menos reconocida. ¿A qué dedicas tu tiempo y por qué?

Si ya tienes el curso cerrado o si aún lo estás organizando, te recomendamos que medites el principio y fundamento de cualquier cristiano, para que realmente hagas lo que Dios quiere y puedas hacerlo a mayor gloria de Dios, no a mayor gloria tuya.

“El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y, mediante esto, salvar su alma; y las otras cosas sobre la haz de la tierra son creadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es creado. De donde se sigue, que el hombre ha de usar de ellas en tanto cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse de ellas, cuanto para ello le impiden…” [EE 23] dice san Ignacio en sus Ejercicios Espirituales.

«Dios nos ha creado para alabarle (es decir, reconocerle en el día a día en medio de situaciones, gestos, creaturas), hacerle reverencia (es decir, llegar a acoger el don, el sueño que tiene para nosotros, que nos plenificará), y servirle (es decir, poner en marcha todas aquellas decisiones cotidianas que hagan realidad ese sueño de Dios). Solo así podremos “salvar nuestra alma”, llenar de sentido esa sed, conseguir que, apuntando a Él, nuestro ‘para’ se descentre de nuestro ego y apunte hacia los demás» dice el  P. Joan Morera Perich, sj.

«Si un objeto —como la tele o el móvil— me ayuda para el fin que soy creado —descansando, informándome…— lo utilizo. Si estorba para llegar a este fin —pierdo el tiempo, crea adicción…—, lo rechazo. El criterio es simple, ¿somos capaces de adoptarlo?» continua diciendo el jesuita.

Si quieres hacerlo todo, llegar a todo… plantéate por qué y piensa a qué todo te estás refiriendo. El Señor lo expuso muy bien con el Evangelio de Marta y María. Que Jesús no pueda decir de nosotros «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada» (Lc 10, 42). 

Que lo más importante sea siempre lo más importante.