En el silencio de la Fe

Queridos lectores, compañeros y amigos, allá donde estéis os mando como siempre un abrazo muy fuerte y mis mejores deseos. Paz y bien.

En lo personal desde hace un tiempo he vivido una serie de experiencias que poco a poco van haciéndote crecer en el camino de fe. Si algo tiene el sufrimiento (mío y de gente que me rodea) es que si sabe uno vivirlo, une más a Cristo. No debemos olvidar que Jesús es el que más entiende de cruces y de sufrimientos, nadie como Él para hablar sobre esto. Ya no porque sea Dios y todo lo sepa, si no porque vivió en su propia piel el dolor físico y el dolor del corazón al sentirse abandonado por muchos que le amaban pero por miedo huyeron de donde se encontraba.

Como todo el mundo, los cristianos estamos obligados a cargar con varias cruces. Las de cada día y aquellas “extra” que, por llamarlo de alguna forma, debamos cargar: la enfermedad, el desempleo, la soledad, un desengaño, etc. Todas y cada una de ellas pesan, a veces demasiado, pero tenemos un compañero de viaje llamado Jesús que con todo el amor de su corazón se coloca junto a nosotros para cargarla.

Cuando uno comienza este camino de la Fe, y hace una pasada por la Biblia comprende muchas cosas: que ser discípulo de Jesús implica abandonar muchas cosas (pero lo merece), que vendrán las persecuciones (burlas, difamaciones y a veces hasta la violencia), que hay determinadas cosas y conductas que son incompatibles con el cristianismo y por tanto por amor a Dios han de dejarse de lado y cambiar de vida, etc… Y por supuesto también aprende que vendrá la Cruz. Es algo inevitable, pero se lleva de otra forma, con otro amor cuando comprendes que el que debería estar con la corona más bella del universo, está con una corona de espinas a tu lado cogiéndola. También llega la época de la prueba, donde uno es probado a ver la fortaleza de su fe, y es en el silencio de la Fe donde más se aprende. Esos momentos en donde Dios parece totalmente ausente, donde la oración parece no llegar a ninguna parte, y el corazón no desprende ningún tipo de sentimientos; esos momentos donde Dios parece tan lejano es donde debemos aprender que es todo lo contrario: Dios siempre ha estado, siempre está y siempre estará de nuestra parte.

Pues queridos amigos no pretendo desanimaros con estas palabras, más bien lo contrario, espero que cuando estemos pasando por una prueba o cargando alguna Cruz, sepamos ver la bondad de Dios en ello. Ojalá aprendamos que su amor infinito no nos dejará solos nunca, y que a pesar de sentirle tan lejos a veces, no lo está, sea cual sea el momento siempre está de nuestra parte. A veces se hace complicado seguir un poco más con esa sensación de soledad, pero no tengáis miedo, únicamente al igual que Jesús dormía en la barca con Pedro, duerme a veces en nuestra vida, y cuando por miedo le despertamos su respuesta es la misma que la que recibió Pedro: Tranquilo, ¿acaso no tienes fe?

Muchísimo ánimo para todos los días de vuestra vida, y no perdáis nunca la Esperanza, que Dios está siempre con nosotros, y por duro que parezca, confiando todo irá bien.

Esperando que llegue la próxima ocasión: Carlos García Moreno