LUNES DE FOLCH – APRENDER A QUERERTE (MORAT)

APRENDER A QUERERTE

Este Lunes de Folch es diferente.

La semana pasada os contaba sobre la importancia de no caer en la rutina monótona, viendo en cada detalle a Jesús. Dijimos que el secreto está en el levantarse. En el levantarse a saco por la mañana.

Pues esta semana os voy a contar cómo llevo levantándome yo cada mañana desde hace más de un año. El secreto de este artículo está en una canción:

APRENDER A QUERERTE de MORAT (que ya la tenéis en la lista “QuePocoEsNuestraVida” de mi perfil de spoti (jfolchh)).

Esta canción no es una canción. Es LA canción. No es un temazo. Es EL temazo.

De hecho, te aconsejo que te la pongas ahora mismo. Con auriculares y calma.

Ahora vais a entender por qué.

Dice así:

Cuando Te vi sentí algo raro por dentro,

una mezcla de miedo con locura.

Y Tu mirada me juró que si te pierdo

Habré perdido la más grande fortuna

No sé nada de tu historia ni de tu filosofía,

hoy te escribo sin pensar y sin ortografía…

Para aprender a quererte:

voy a estudiar cómo se cumplen tus sueños,

voy a leerte siempre muy lentamente.

Quiero entenderte.

Cuando Te vi tuve un buen presentimiento,

de esos que llegan una vez en la vida.

Quiero tenerte aunque sea solo un momento,

y si me dejas tal vez todos los días.”

[…]

Si no la has empezado a escuchar aún, no sigas leyendo.

Esta canción, en mi opinión, refleja uno de los puntos claves para hacer que tu vida esté llena de JALEO, en mayúsculas: HACERNOS NIÑOS en nuestro día a día.

“Cuando Te vi sentí algo raro por dentro, una mezcla de miedo con locura. Y Tu mirada me juro que si te pierdo, habré perdido la más grande fortuna.”

¿Sabes a que me recuerda esta frase? Me recuerda a la primera mirada de un recién nacido a su madre. Una mirada de sorpresa, de novedad, pero a la vez de confianza y seguridad. De sentirse abrazado, querido, importante; llorando, pero a punto de empezar una gran aventura. Un abrazo de miradas cómplices, en el que ambos se sienten los más afortunados del mundo.

“No sé nada de tu historia ni de tu filosofía, hoy te escribo sin pensar y sin ortografía… Para aprender a quererte: voy a estudiar cómo se cumplen tus sueños, voy a leerte siempre muy lentamente. Quiero entenderte.”

Y es que qué importante es hacernos niños. Saber plantarse delante de un sagrario y decir: “Señor, NO te conozco, quiero conocerte de verdad. A partir de hoy voy a leerte, voy a escucharte, voy a hablarte, y todo, MUY LENTAMENTE. No voy a rezar para parar, al revés, voy a parar para poder rezar, para poder estar tranquilo contigo. Para aprender a quererte”.

Como molaría convertirnos cada día en niños llenos de humildad. Niños que no saben nada. Niños sencillos. Que se pasan el día preguntando. Observando. Admirando un mundo lleno de sorpresas.

Sí, niños que se dejan sorprender por cada detalle que se les presenta en su día.

Niños con mil sueños e ilusiones. Niños que son NATURALES: con ellos mismos y con los demás. Que hablan claro y no se dejan llevar por las circunstancias.

Y, por último, esto, que me parece ESPECTACULAR:

“Cuando Te vi tuve un buen presentimiento, de esos que llegan una vez en la vida. Quiero tenerte aunque sea solo un momento, y si me dejas tal vez todos los días…”

Cada vez que lo escucho pienso: esto es increíble.

Me viene a la cabeza el momento en que estamos participando de la Santa Misa.

“Quiero tenerte aunque sea solo un momento, y si me dejas tal vez todos los días”.

Y es que, ¿cómo viviríamos la Misa si fuese nuestra única Misa? ¿Cómo la viviríamos, ahora, si fuese la primera?

Oye, más heavy aún: ¿Cómo vivirías la Misa mañana si te dijeran que va a ser tu última?

Qué increíble vivir la Santa Misa como si fuese la primera, la última y la única.

Jesús, quiero “APRENDER A QUERERTE”. En la Misa, y en los silencios de oración, y en la clase, y con los colegas de copas, y… siempre.

Esta canción, cada mañana. Cada día. Qué raro sería cansarse de algo que da VIDA.

Hagan jaleito a saco.

Folch.