La Fe en tiempos de covid

    Me llamo Inés, tengo 21 años y vivo en Barcelona. Este septiembre voy a empezar el último curso de Enfermería en UIC Barcelona. ¿Vivir la Fe? ¿Tener Fe? Está claro que nunca es fácil. A lo largo de nuestras vidas vamos pasando por diferentes etapas y quizás en alguna de ellas nos hemos sentido más vacíos, pero a veces llega una experiencia que no esperabas y haces un salto en la Fe. Y de repente te sientes más vivo que nuca, más lleno que nunca y te das cuenta de que eso, es obra de Dios. Otras veces, no tiene porque pasarte algo extraordinario, simplemente el ir estando cerca Dios diariamente ayuda. Incluso pidiendo al Espíritu Santo la virtud de la Fe.

    En casa somos mis padres y mis 10 hermanos, aunque alguno de ellos se ha ido casando y de esta manera han empezado a formar una nueva familia. Desde pequeña, mis padres me han educado dentro de un entorno católico dónde Dios era el centro. Al ser tantos, en casa siempre ha reinado el caos y por eso, la mejor herramienta que han usado mis padres para transmitirnos todo su amor ha sido con el ejemplo. De esta manera, nos han ido transmitiendo la Fe en las pequeñas obras de cada día: ofrecer el estudio, ayudar en casa, vivir el adviento y la cuaresma, el trato con los hermanos, recibir la eucaristía etc…

    Al educarme así, siempre he tenido la Fe dentro de mí, pero nunca había sido consciente de cuan grande es su significado hasta hace unos meses. Durante el confinamiento, estuve trabajando en el Hospital. Fueron días duros, dónde cada día veía a personas fallecer a mi lado. Todas estas personas estaban solas ya que no dejaban entrar a visitantes. Durante los primeros días, yo llegaba a casa muy dolida porque no sabía como ayudarles.

    Ha dado la casualidad de que el confinamiento a caído durante la cuaresma. En casa asistíamos a misa online y cada día después de cenar rezábamos el rosario. Durante las comidas, entre todos hablábamos de temas como las virtudes, el sufrimiento, el dolor, la fe, la muerte y Dios. Cada uno expresa su opinión basado en buenos argumentos. Aunque no lo pareciese, eso me ayudó muchísimo. No estamos solos, Dios siempre esta con nosotros. Esas lagrimas de tristeza por aquellos fallecidos se convirtieron en lágrimas de amor y sed de Dios. Tenía en mis manos el poder de hacer mucho bien.

    Al día siguiente, cuando fui a trabajar y entré en la habitación de un paciente, me di cuenta de que este ya había fallecido. Me acerqué a su cama y cogí su mano. Estuve unos minutos con el y fue cuando vi que era aquello que Dios me pedía: que hiciese compañía a cada uno de ellos durante su último suspiro para que ellos sintiesen que no estaban solos, sino que estaban con ÉL.

    El amor de Dios es un amor que lo cambia todo y que lo cura todo. La Fe es el mejor regalo que nos ha dado Dios y a mi me lo ha dado a través de mis padres. Sería egoísta por mi parte guardármela para mí. La Fe ayuda a las personas a ser mejor, ayuda a sobrellevar mejor las dificultades porque vas de la mano de Cristo, la Fe es amor y es verdad. Nosotros somos instrumentos suyos. La fe me mantiene viva y durante este tiempo siento que he crecido como persona y, sobre todo, me he sentido muy cerca del Amor de los Amores.

    Encontramos a Dios en las pequeñas cosas de cada día: en una oración, en una conversación o simplemente cogiendo la mano a esas personas que se sienten solos. Todos estamos llamados a la Santidad y a vivir eternamente en el amor de Dios.

    Inés Depares Aguilar