Volvemos a la uni: ¿Y ahora qué?

Llegué hace dos días a la uni.

El campus impoluto, como de costumbre. Da mucha paz ver al personal docente y administrativo, y a sus alumnos, absolutamente conscientes de la situación que estamos viviendo por el COVID.

Nos tuvimos que hacer la prueba PCR y presentar los resultados para poder acceder al colegio mayor.

Y es ahora, aquí, en la capilla del colegio mayor, desde donde escribo estas líneas.

Es como raro. Sin el como. Ha sido un verano corto pero largo. O largo pero corto. O simplemente corto, como todos. Pero muy diferente. No ha salido adelante ningún plan A. Ni B. Ni C. Efectivamente, ha sido un verano de “lo vamos viendo”.

Un verano de Misas en la playa, en medio del monte, en medio de la nada, en medio del Todo. De copas reducidas y excursiones por el monte, de voluntariados y familia a saco.

Pues, efectivamente…. Adiós verano.

¿Y ahora qué?

– Volvemos a la uni y a la rutina- me dijo un colega.

Me quiero detener en la parte de “volvemos a la rutina”.

Y es que creo que podemos proponernos un planazo bastante tocho para este curso: volver al horario y al orden en nuestra vida, pero eh, sin caer en la monotonía.

Y es que la primera semana va a molar. La segunda también. Y la tercera. Reencuentro con los colegas, birras con mascarillas, profesores apasionados, asignaturas guays y no tan guays… La gente llega emocionada hasta que se da cuenta de que cada lunes se dan las mismas asignaturas, con los mismos profesores, en las mismas aulas… Y, ¡súmale la mascarilla!

En el momento en que eso suponga un: “pff”, la hemos liado. Estamos cayendo en una rutina monótona.

¿Cómo evitamos eso?

El secreto está en empezar a saco el día desde el momento en que suena el despertador. Se debería poder eliminar la opción de “posponer alarma”.

¿Qué es exactamente lo que tenemos que posponer? Deja, deja.

Levantémonos con horarios pero sin planes. Con orden pero dispuestos a improvisar. Levantémonos con la mascarilla puesta. La sonrisa en los ojos.

Levantémonos dando GRACIAS por tener la oportunidad de aprender, de estudiar, de trabajar, de cambiar el mundo, o al menos de mejorarlo.

Levantémonos con ganas de tomarnos una copa y fumarnos unos pitis con algún colega.

Levantémonos con ganas de enviar un WhatsApp a todo el mundo deseando los buenos días.

Levantémonos con ganas de cuidar a nuestros amigos, preocupándonos por ellos, cambiando el “qué tal” por el “cómo estás”.

Levantémonos con ganas de ofrecer nuestro estudio por las personas enfermas y por las que nadie reza.

Levantémonos con ganas de amar ese plan B, C o D que nos va a poner el Señor a lo largo del día.

Levantémonos con ganas de ponernos en manos de Jesús y confiar, solo confiar.

Levantémonos negándonos a estirar el chicle del yo, yo y yo.

Levantémonos alegres, felices, optimistas, poniendo a Dios y a los demás en primer lugar.

Levantémonos con ganas de conocer todos los regalazos que nos va a poner el Señor en nuestro día.

Levantémonos con ganas de romper esquemas. Con ganas de que el concepto de monotonía desaparezca del diccionario.

Porqué los horarios son importantes (es más, son necesarios: y si no que se lo digan a los que pillan el bus o el metro). Pero vivir en una vida regida por la monotonía bajo el nombre de rutina, hace que la vida pierda VIDA.

Así que eso, el secreto está en el levantarse. En el levantarse a saco. En el levantarse montando jaleo.

Folch