Cuando la fiesta se acaba

16 años tenía y tengo muy grabado en mi memoria un momento que me marco: venia de una gran fiesta: mis mejores amigos ahí, excelente música, ambiente, personas, etc. La verdad no podía quejarme en lo absoluto, llego a casa y no podía dormir, comienzo a pensar en diferentes cosas, situaciones, dilemas, etc., creo que esa etapa es la de las dudas existenciales (a tope, porque siempre las hay)… el punto es que a mi mente llegaba cierta pregunta una y otra vez: “¿Esto es todo?”, “¿Qué más hay en la vida?”.

Y con esto no digo que las fiestas sean algo negativo, al contrario, creo que son un punto de encuentro muy bueno con las personas que queremos, solo utilizo esta vivencia como un medio para poder hacer ver lo siguiente: si no hay algo que le dé un sentido a nuestra vida, al final hagamos lo que hagamos existirá un profundo vacío en nosotros.

Pudiera parecer muy dramático lo que digo pero en su momento para mí fue algo alarmante, gracias a la Providencia pude conocer a Cristo y esto fue algo determinante: mi encuentro con Él me hizo pensar en el hecho de que la vida se vive de la mejor manera teniendo un camino que recorrer, una serie de ideas y de planes que te llevan a descubrir lo que verdaderamente tu corazón anhela.

No estoy en contra del “vive día a día con pasión” pero creo que por sí solo se queda corto, yo diría “vive el día a día con pasión siempre y cuando lo que vives te acerque a tu meta”. Así es, que te acerque a tu meta, es hora de que como jóvenes, no solo católicos, sino ciudadanos responsables, tomemos decisiones audaces en vista no a nuestro futuro, sino a nuestro presente, creo que un gran problema de nuestra generación es que nuestros planes a futuro muchas de las veces son inciertos, llenos de neblina y de miedos, y por estas razones, quedan ahí: en un futuro que nunca llega.

Quisiera hacer un llamado a cada joven que lee esto a que realmente sea un protagonista de su entorno en el presente que vivimos, y lo reto a que cuando la fiesta acabe reflexione, profundice y se dé cuenta que la mejor manera de vivir la vida es invertirla en ser un reflejo de Cristo: una verdadera luz que transforme su entorno, su vida, su generación, la historia de la humanidad.

Ojalá que queramos ser recordados como el mismo Cristo: “pasó haciendo el bien”.

-Abraham Cañedo.