Mi Fe

Hola, mi nombre es Carolina y tengo 20 años. Nací en un pequeño pueblo de Bolivia, aunque actualmente vivo en España, en la comunidad de La Rioja. Hace poco me pidieron que contara mi testimonio de fe y acepté encantada, aunque debo admitir que con un poco de miedo ya que es la primera vez que escribo algo de tal magnitud. Intentaré estar a la altura.

Antes de comenzar, me gustaría hacerte una pregunta: ¿qué es para ti la fe? Comenzaré respondiendo yo. Para mí la fe es como el aire que respiramos. Algo tan necesario que si me llega a faltar siento que me ahogo. Es algo vital. Me encanta realizar esta comparación porque creo que es fácil comprenderlo. Cuando mis amigos no creyentes me dicen que no pueden creer en algo que no ven yo les pregunto: ¿y crees en el aire? Siempre se quedan callados, no tienen respuesta. La fe en nuestro Padre es así, no hace falta ver para saber que está con nosotros, lo único que tenemos que hacer es dejarnos amar y poco a poco aprenderemos a amarlo. He de decir que esto que acabo de mencionar no es tarea fácil, no es algo que surja de la noche a la mañana. Todo tiene su proceso. El mío comenzó en una parroquia de mi ciudad. Allí fue la primera vez donde descubrí a un grupo de jóvenes que creían en Dios y parecían felices de vivir la fe. Me sentí acogida por ese grupo y poco a poco se me fue quitando la vergüenza de decir: “yo creo en Dios y voy a misa todos los domingos”. Sí, muchas veces sentía vergüenza de decirlo frente a mis amigas e incluso algunos familiares porque me veían como un bicho raro, no es lo usual en estos tiempos, resulta incluso extraño y desconocido para algunos. Es algo que para muchos resulta difícil de comprender. He de confesar que mi familia no me ayudó mucho precisamente, de hecho, a pesar de ser católicos no son practicantes y veían extraño que de repente comenzara a acudir a misa todos lo domingos. Me decían cosas como: “¿quieres ser monja o qué?” “Ya has hecho la confirmación, ¿por qué sigues yendo a misa?” Muchas veces me sentía incomprendida y sola. Sin embargo, a pesar de todas las dificultades por las que podamos pasar, la mano de Dios siempre está tendida para que acudamos a él. Cuando atravieso por un problema o tengo miedo recuerdo mi salmo preferido: el salmo 23 (22) “El señor es mi pastor, nada me falta…” Después de dejar que Dios interceda por mí, me siento reconfortada por su calor, tranquilidad y paz… Siento que nada malo me puede pasar si confío en Él. Por otro lado, debo admitir que cuando me voy de convivencias/campamentos/horas santas, vivo momentos de profunda oración y reflexión y el amor de Dios cala mucho más en mí que en días normales donde me sumerjo en una rutina, agobiada con miles de cosas, olvidando que con el solo hecho de pedir ayuda a Dios, los problemas disminuyen. A pesar de todo, me propuse a mí misma un objetivo: cada mañana al despertar le agradecería a Dios por el nuevo día que me había regalado, cuando viera paisajes hermosos o simples plantas por donde fuere, le agradecería por las cosas bellas que nos regala y cuando estuviera junto a mi familia, agradecería por la suerte que tengo. De este modo, intentaría tener presente al Padre todo el día porque quiero que, aparte de ser quien me escucha y me protege sea mi amigo y consejero. Hace poco más de un año que estoy haciendo esto y debo decir, que cada vez me siento más cerca a Dios, soy completamente transparente con Él y conmigo misma porque de nada sirve intentar engañarnos. Dios conoce todo de nosotros, nuestras vivencias, alegrías y problemas, incluso antes de que se lo contemos. Sin embargo, todo esto no habría sido posible sin la ayuda de un grupo de referencia. Antes hablé de una parroquia, es cierto que con esta empecé a vivir la fe, pero donde realmente creció y sigue madurando es en un pequeño grupo a cargo del obispo de nuestra diócesis. He de decir que tenemos mucha suerte de contar con la disponibilidad y sabiduría de nuestro obispo Don Carlos ya que es una persona muy cercana y afín a nosotros, los jóvenes. Sabe muy bien cómo trasmitirnos la palabra de Dios, así como su experiencia. Fue en este grupo donde aprendí por primera vez que cualquier persona puede ser santa sin necesidad de realizar algo extraordinario ya que el solo hecho de vivir la fe es algo extraordinario.

Para ir terminando, siento que aún me falta mucho por descubrir y madurar, pero confío en que el Padre, Jesús y el Espíritu Santo sepan guiarme. La vida de joven cristiano en la actualidad no es fácil, pero nada que valga la pena resulta sencillo. Lo único que nos pide Dios es que confiemos en Él y lo amemos y, créeme cuando te digo que amar y dejarte amar por Dios es la dicha más grande que puedes tener en la vida.

Carolina Vallejos Claros