Convicciones líquidas

Puedes decir que te gusta la música clásica sin haber escuchado nada de Bach, Beethoven, Mozart o Vivaldi (y algunos más, pero resumo). No sólo te equivocas, sino que te estás perdiendo lo mejor.

Puedes decir que eres madridista sin haber gozado de las 4 Champions de 5, del doble de 2017, de CR7, Modric, Benzema… O de Zidane y la Novena… También te has perdido lo mejor.

Te puedes considerar cervecero, pero si no has probado buenas cervezas, como la Tripel Karmeliet, las trapenses, la Weihenstephaner vitus o las buenas birras de aquí… Puedes tener tus gustos, pero… Ya sabes por dónde voy.

Poder definirse de cualquier forma sin serlo, no solo es autoengañarse (por la razón que sea) es que te impide ser auténtico y en algunos casos, perderte cosas realmente buenas. Incluso maravillosas y llenas de sentido para tu vida.

Si te consideras católico pero no le das importancia a la Eucaristía, te estás perdiendo lo mejor, el don más grande que Cristo quiere entregarte cada día: Él mismo.

Si te consideras católico, pero no quieres vivir un noviazgo (y por ende un matrimonio) católico, te estás perdiendo preparar el corazón para amar como Cristo ama a su Iglesia hasta entregarse por ella. La belleza del amor humano que madura hasta entregarse con plena libertad.

Porque en el fondo no se trata solo de tener convicciones sino de tener la madurez afectiva para vivir consecuentemente con ellas. De los ejemplos simplones a todo lo demás, mi testimonio es que no merece la pena. Merece la vida.

Hilo de @jaViviendo en su cuenta de Twitter al que puedes acceder aquí