‘’En Todo Amar y Servir’’, el sueño de Dios para Manuela Piera

    Mi nombre es Manuela Piera y tengo 25 años y adía de hoy, puedo decir que el pilar más
    importante en mi vida es la fe, pues realmente el tener fe es lo que me hace quererme y
    aceptarme a mí misma con todos los defectos y virtudes que tengo, me hace querer a mi
    familia y a mis amigos con todo mi corazón y por encima de todo, pero, sobre todo tener
    fe hace que mi vida en general y, en concreto, mi vida profesional tenga sentido.

    Soy Trabajadora Social y descubrí que esta era mi vocación gracias a la primera experiencia de Dios que tuve en 1º de bachillerato cuando me fui de campamento con mi colegio en verano. En aquella época, era una niña bastante superficial, rebelde, caprichosa y me creía merecedora de todo lo que tenía a mi alrededor y de más aún, por eso siempre  estaba quejándome de todo, porque me veía como una pobre desdichada.

    Pero durante esos quince días que duró el campo de trabajo, Dios me cambió radicalmente. Me hizo quitarme la venda en los ojos que tenía, me hizo darme cuenta de la realidad que me rodeaba y de la suerte y de lo privilegiada que era al tener la vida que tenía y que tengo. Pero, sobre todo, me llamó, me miró cara a cara, me abrió los brazos y me enseñó que Él quería que desde ese momento diera mi mejor versión todos los días de mi vida, quería que en todo momento sacase mi máximo potencial y lo entregase a los demás. En definitiva, en esos quince días, descubrí que el sueño que tiene Dios para mi era que llevase por bandera ‘’En Todo Amar y Servir’’.

    Desde ese momento, puedo decir que empezó en mí una nueva vida. Emprendí un camino
    desconocido que daba algo de vértigo, pero que sabía que estaba lleno de Luz, Amor y Alegría.

    No es un camino fácil pues, vivir la fe, implica compromiso, fidelidad, y ser consecuente
    con los actos y, eso, a veces es difícil porque en la sociedad en la que vivimos hoy en día
    los valores que imperan, difieren de los valores que Jesús proclamó, pero merece la pena
    adentrarse en esta senda. Además, en mi caso particular, era un poco más complicado, pues, mi familia no es nada religiosa y aunque sí que comparten los valores cristianos, no
    comparten el camino y al principio no entendían nada de lo que estaba diciendo o haciendo.

    Pero tras mucha constancia, acabaron entendiendo que este camino me hace mejor persona, me hace ser agradecida, me hace pensar las cosas y me hace sacarme del centro. Porque, en mi caso, la fe consigue que cada mañana, por muy mal día que haga, por muy lejos que esté de casa, por muy difíciles que estén las cosas, siempre intente sacar cosas positivas del día, verlo como una ocasión nueva para ser feliz y para no repetir aquello que ayer hice mal.

    La fe consigue darme seguridad en mí misma, me ha hecho ver que soy capaz de hacer muchas cosas que pensaba que no conseguiría con un poco de esfuerzo, amor y constancia. Me ha hecho valorarme y ver que no todos son defectos. Me ha hecho sentirme querida, acompañada y escuchada cuando me sentía sola e incomprendida. Me ha hecho saber respetar y perdonar al de al lado pero de verdad, sin rencor.

    Me hace sentirme útil al darme a los demás, al ver una sonrisa en la cara de aquellos que no han tenido la suerte que yo tengo. Me hace darme cuenta que no hacen falta grandes lujos, grandes metas y objetivos para ser feliz. Me hace ver la realidad, darme cuenta de que soy y somos realmente afortunados de vivir como vivimos, de tener lo que tenemos y de hacer lo que hacemos. Me hace tener ganas de mirar al de enfrente antes que a mí, porque no hay nada mas gratificante que ver la reacción de alguien cuando le alegras el día, la tarde o ese momento.

    En resumidas cuentas, la fe me hace vivir al día, me hace valorar lo que tengo a mi alrededor porque aunque todo el día esté cubierto de nubes, el sol sale cada mañana y es
    cuestión de saber apartarlas para ver los rayos de sol y Él nos ayuda.

    Como he dicho antes, este camino no es fácil, pues aunque suene a que es un camino de
    rosas, también hay espinas y muchas veces nos faltan las respuestas inmediatas, las
    directrices claras que nos indican por dónde ir, pero para ello, los cristianos tenemos la
    mejor de las herramientas, pero la más difícil de todas a la hora de la verdad, y es la
    confianza plena en Él.

    Engañaría si dijera que no hace falta valentía para ser cristiano, pero también engañaría
    si no dijese que es el camino que más lleno y pleno te hace sentir.

    Manuela Piera